Cuando los politiqueros e intelectualoides
se dieron cuenta, la gente ya se había ido.
Por Fabián Banga
"Me atrae ardientemente la belleza.
¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las
de Flaubert, se compusiera de panorámica lienzos.! Mas hoy,
entre los ruidos de un edificio social que se desmoronan inevitablemente,
no es posible pensar en bordados." Así abría "Los
lanzallamas" Roberto Arlt en "Palabras del autor", una carta de
Arlt a sus lectores. Arlt escribió esto en 1931 y pese a
los años que han pasado, sus líneas tienen aún
hoy en día una vigencia impresionante.
El escritor le escribe a sus lectores
y crea una cercanía compinche, acerca al intelectual a la
maza, hace de la escritura parte de su aporte al trabajo cotidiano
de una sociedad con características y problemáticas
propias y reales. Si bien siempre se ha podido ver intelectuales
que haciendo uso de su capital cultural intentan elevarse por sobre
el resto, ha habido también otros que se han jugado junto
a las masas y han visto en la profesión del pensador un trabajo
más, una responsabilidad para con el bien social y un compromiso
ya no político, sino de principios. Arlt entra en esta categoría.
Es por esto que se ve tan mediocre la necesidad de rubricar conocimientos
con títulos de doctores pomposos o instituciones que más
allá de sus nombres no son más que una gran masa monolítica,
lenta, que en la mayoría de los casos tarda en reaccionar
frente a las necesidades de los pueblos. El ejemplo está
en la tapa de los diarios.
Una vez un viejo profesor me decía
que uno llega al escalafón de profesor cuando aprende a decir
que no sabe. Preciso. El volver constantemente a los libros es un
ejemplo, uno no aprende conocimientos sino aprende como encontrarlos
cuando los necesita. Como si una persona necesite un doctorado para
saber donde están las necesidades de su pueblo. Cuando llega
la hora de actuar para encontrar soluciones para una escuela que
está inundada y devastada, el doctorado pude quedar de lado.
Lindo chasco nos comemos cuando apostamos a una imagen doctorada
de la escuela de Chicago que nos vende un proyecto neoliberal, caduco
ya en estos tiempos. Lindo proyecto del primer mundo moderno, antesala
de la gente entrando a los supermercados, un hambre generalizada,
desempleo. Proyecto carnabalesco, con el hambre en las calles, la
bronca y la bolsa de buenos aires subiendo el 7%
Es por esto que vi pertinentes y
tan actuales las líneas de Arlt, la necesidad de hablar de
lo inmediato sin perder nuestro amor a la belleza. Entender la inmediatez
de las necesidades generalizadas y entender el compromiso general
de todas los integrantes de una sociedad. Porque es muy lindo hablar
desde el trono de la intelectualidad o del poder, pero hay que tener
bolas para ser dirigente político, intelectual, o lo que
sea y poner los intereses de la patria primero. No queda mucha chance,
de no ser así seremos una minúscula mediocridad, un
excrementillo o estorbo en los destinos de los pueblos. Desde esta
perspectiva no cabe duda que es mejor ser un lector de Flaubert
desde el silencio del anonimato, y no un payaso que proclama a los
gritos sus conocimientos. Y esto tiene su paralelo. Mil veces ser
un militante que trabaja por el bien de su pueblo desde el anonimato
y no el esperpento, ni siquiera imagen de político, que termina
destrozado por los engranajes de la historia de la patria en el
intento de poner sus intereses primero.
Es por eso que hay que remarcar,
que la intelectualidad o la politiquería queda retrasada
cuando el pueblo sale a la calle. Y no estamos hablando de la perversa
imagen de aquel que pasa con su auto nuevo cargado de mercaderías,
robadas de algún pequeño negocio que termina pagando
el destrozo. Separemos las aguas. Hablemos de ese pueblo que salió
a la plaza y le dijo no al proyecto neoliberal, no al atropello
de una teoría caduca, que le dijo no al robo y al atropello
de la patria democrática y soberana y le dijo no a los agitadores
que fueron quedando solos frente a las cámaras de televisión.
El pueblo le dijo no al hambre y no le hizo falta citar a ninguna
teoría ilustre pensada en Europa. El pueblo salió
con sus cacerolas, y cuando los politiqueros e intelectualoides
se dieron cuenta ya era muy tarde, la gente ya se había ido.