La
era de los bordes
Por Fabián Banga
Los otros
días leía en los diarios argentinos en el internet, los
articuloss que hablaban del recital de Bob Dylan, esa figura mítica
del rock que a sus 60 años aún continúa siendo
tan actual, tan de hoy. Su actualidad se interpreta quizás, al
entender que esos jóvenes que lo escucharon en su momento son
los mismos que hoy en día son padres de familia, son la clase
activa en la Argentina y en el resto del mundo. Es por esta razón
que me extrañó leer en uno de los articuloss que
sorprendiera que en la academia universitaria algunos hablan y analizan
el efecto Dylan como si estuvieran analizando espacios clásicos,
la literatura de la edad media por ejemplo.
Hace
30 o 40 años en la academia americana existía una fuerte
corriente filológica desde la cual se analizaba textos de diferentes
autores poniendo el énfasis directamente en el texto. Existen
aún muchos trabajos dando vuelta por ahí, de estos profesores
que tomaban un autor X y analizaban desde esta corriente produciendo
trabajos enormes y detallados con fuerte énfasis en las obras.
Las cosas fueron cambiando y muchos de estos profesores fueron jubilándose,
dando paso a nuevas corrientes de jóvenes que vivieron su juventud
escuchando la música de los Rolling Stones y Led Zeppelin,
por ejemplo, y por tal razón incluyen hoy en día estos
espacios en sus trabajos. Lo que fue innovador en un momento hoy en
día es clásico. Esto nos permite escuchar nuevas historias,
nuevas experiencias que estaban ahí no hace mucho tiempo, pero
nadie las analizaba.
Un ejemplo
de realidades muy importante para todos nosotros desde un plano sociológico
e histórico, es el rock nacional en la Argentina. Éste
tuvo un papel importante dentro de los movimientos de resistencia
contra el autoritarismo de la dictadura, aunque recién ahora
se están empezando a ver trabajos que cuentan con una cierta
seriedad y un análisis minucioso y metódico del tema.
Por ejemplo hay que entender que el movimiento rockero en los 70s
y 80s no era simplemente una moda, sino una postura o actitud frente
al modelo de nación que proponía el estado dictatorial
del momento. Los valores patriarcales con un bagaje de salud que se
afiliaba con los modelos marciales y conservadores, generaron movimientos
de resistencia que tomaban por ejemplo el tan conocido slogan del
pelo largo. Esta simple actitud de rebeldía proponía
muchos mensajes, entre ellos que la imagen patriarcal del hombre conservador
con estereotipos marciales es rechazada por una imagen alternativa
de hombre que se afilia más a estereotipos matriarcales y espontáneos,
sin perder el bagaje de masculinidad implícitos en cada persona.
Los aros, el pelo largo, las cadenitas, son ejemplos de esta actitud
sociológica de resistencia. Pero quizás la postura más
fuerte y radical fue el tema de la locura. El replanteamiento del
titulo de loco, que no es tema nuevo ya que se discute desde los albores
del psicoanálisis, fueron temas que aparecieron mucho en las
canciones de rock nacional.
El tema
del loco fue ya analizado desde el campo sociológico por Foucault
en "The Order of Discourse" (El orden del discurso). Foucault dirá
que en cada sociedad la producción del discurso está
controlado por ciertos procesos que tendrán como fin preservar
su poder y cuidarlo de amenazas. Según Foucault es la división
entre locura y razón lo que propiciará la censura de
la locura, complementada por lo sobre natural del discurso del loco.
Es por esto que los grupos de rock al tomar estos temas no responden
a un simple capricho, sino a una idea de nación que difiere
tajantemente a los proyectos que llegan desde el centro del poder.
Hay montones de ejemplos, el caso se ve en "Miguel se volvió
loco" de Raúl Porcheto, "Confesiones de invierno" de Charly
García y "En el Hospicio" del grupo Pastoral. Pero para ser
precisos estos temas no son exclusivos de nuestro rock nacional. Éstos
ya se presentan en espacios europeos y norteamericanos, como en el
tema de Lennon y McCartney que en español se conoció
como "El loco de la colina" y también más luego con
"The Wall" (La pared), la película de Alan Parker, con musica
de Pink Floyd, en donde el personaje en primera persona se vuelve
loco frente a la presión de la realidad que lo rodea.
Esto
nos propone la responsabilidad de replantearnos los espacios de poder
y resistencia que hemos experimentado a fines del siglo XX y de tal
forma, ponernos en perspectiva para interpretar estos mismos espacios
de tensión en el presente. Los años 70s y 80s están
repletos de actitudes de resistencia hacia la dictadura. El movimiento
del rock nacional cuenta con montones de ejemplos de resistencia que
bien pueden ser identificados desde un firme marco teórico.
Siempre recuerdo el cine Lara, que estaba a media cuadra de 9 de Julio,
sobre la Avenida de Mayo. Durante muchos años, todos los sábados
por la noche se ofrecía la película "The song remains
the same" (la canción es la misma). Los que en aquellos
días éramos jóvenes de 20 años nos reuníamos
para ver la misma película cada sábado, gritar como
locos obscenidades y tomar toda la ginebra que nos sea posible, mientras
en la pantalla el grupo tocaba canciones como "moby dick",
o "whole lotta love". No importaba la clase social, partido
político o idea religiosa que cada uno tenga. Eso era un grupo
de jóvenes gritando como locos y descargando la opresión
y frustración que la sociedad vivía en aquellos tiempos.
Es por
eso que aquellos que vivimos esos momentos como una actitud de rebeldía,
somos la generación que hoy está entre los 30s y 40s.
Esa misma generación hoy adopta esas experiencias y las incluye
en los parámetros de lo clásico. Esto produce un efecto
que hace que sea tan común y al mismo tiempo tan sorprendente
verlo a Dylan tocando. Fue como ver a Sui Generis hace no mucho tiempo.
Una actualidad clásica y al mismo tiempo moderna; fenómeno
éste quizás de la realidad que nos toca vivir en los bordes
de las dos generaciones, bordes que permiten convivir a Góngora
y a Sumo en el mismo plano, lo que hoy llamamos el espacio de la postmodernidad.