La
ciencia, los investigadores y el papeleo.
Por Fabián Banga (24-05-03)
Este
viernes pasado, salió un artículo de opinión en Página 12 titulado "La
ciencia ausente" por R. Fernández Prini, Noé Jitrik y Otilia Vainstok
(http://200.61.159.98/diario/universidad/10-20452.html).
En este artículo se discutía la importancia de la ciencia y las investigaciones
en nuestro país. En un momento en el artículo se propone lo siguiente:
"Si bien continúa siendo cierto que 'sin industria no hay nación', actualmente,
también es cierto que sin ciencia no hay nuevas tecnologías y no hay
industria con ventajas competitivas dinámicas y tampoco hay nación."
No podría estar más de acuerdo con esta afirmación.
Si
bien el artículo tiene una vigencia importante para el momento que vive
nuestro país, es interesante notar que similares preocupaciones y similares
propuestas se están generando en diferentes latitudes del mundo. La
tecnología y las investigaciones tienen que cumplir un papel importante
en la búsqueda de soluciones a las duras realidades económicas que están
sufriendo distintas regiones del planeta. Una de estas adversas realidades,
es la que está sufriendo California en el campo de la investigación
y enseñanza universitaria. Hace exactamente dos semanas me tocó asistir
a un congreso en San Diego organizado por el California Virtual Campus
(www.cvc4.org) en el que se ofreció
un gran numero de conferencias relacionadas al uso de distintas tecnologías
en el campo de la educación universitaria, lo que en ingles se conoce
como instructional technology. Un tema rondó
charla tras charla, discusión tras discusión: "¿cómo las nuevas tecnologías
pueden abaratar costos y mejorar el proyecto educativo? California confronta
uno de los cortes en el presupuesto para el campo educativo más grande
de su historia. La investigación académica enfrenta realidades similares.
Es tal la crisis, que en algunos lugares se está sufriendo hasta de
falta de papel para sacar fotocopias y cientos de profesores se están
quedando sin trabajo, algo que era impensable hace unos años en una
de las regiones más productivas y tecnológicamente vanguardistas del
mundo. Para muchos, la tecnología puede llegar a ayudar a abaratar gastos
si se plantea un proyecto coherente que busque alianzas y desburocratice
el control de las tecnologías. Estos objetivos se concretarían agilizando
la construcción de consorcios integrados por múltiples universidades
que compartan sus recursos tecnológicos y que se enfoquen en los objetivos
que se quieren lograr, en lugar de invertir capital en una forma anárquica
e ineficiente. Sobre este problema se puede hablar desde la experiencia
de los 90's, cuando California comenzó a desarrollar espacios de investigación
extremadamente costosos que produjeron resultados adversos. Un ejemplo
de esto fue la creación de centros de investigación sobre instructional
technology que producían herramientas de trabajo que daban la impresión
de ser extremadamente versátiles y efectivas pero que en realidad eran
utilizadas solamente por un pequeño grupo de la población universitaria.
Esta desconexión entre progreso tecnológico y uso concreto en el campo
educativo se generó por la disociación que había entre los que producían
y manipulaban estas tecnologías, y los que finalmente la implementaban.
De esta
experiencia muchos proponemos volver a poner la tecnología en manos
de los que la usan cotidianamente y no bajo la tutela de aparatos burocráticos
que no entienden mucho de éstas y basan sus decisiones sobre proyectos
desconectados de la realidad de las áreas que ellos mismos parecieran
estar coordinando y asistiendo. Esta idea vuelve al artículo de Prini,
Jitrik y Vainstok, en donde se propone que "En estas circunstancias
es especialmente importante que quien sea llamado a dirigir el sector
sea elegido en virtud de sus méritos intelectuales y de la claridad
ética de su trayectoria personal". Esta afirmación no solamente es acertada
desde un punto de vista moral, sino también desde un punto de vista
práctico. Que los burócratas busquen perpetuar su afianzamiento en el
poder, es tema que no tendría que sorprendernos ya que es una realidad
que se presenta a lo largo de la historia en prácticamente todas las
culturas. El mismo imperio en estos momentos no es una excepción. Lo
que habría que entender, y sobre todo tendrían que entender los espacios
de poder, es que si no se proyecta un objetivo concreto que proporcione
resultados, no habrá tecnología alguna para burocratizar. Tecnologías
(como el Internet que conocemos hoy en día) se generaron de una forma
inadvertida en espacios independientes, dirigidos por gente que era
sobresaliente en su campo. Se tomó algo que estaba quedando obsoleto
en tiempos post-guerra fría y se comenzó a adaptárselo a las necesidades
de investigadores que trabajaban en sótanos de universidades y en garajes
de suburbios de California. El papeleo y los políticos llegaron después.