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¿Cómo se nos ve?
por Fabian Banga

Mucha gente desde el territorio nacional me preguntaba en estos días como se veía la imagen de la Argentina desde el exterior. Uno se pregunta en estas circunstancias, ¿qué importa como se ve la Argentina desde el exterior? ¿Es que cambiará algo como se nos vea o como no se nos vea? ¿Se habrían preguntado los grandes países del mundo como se los ve frente a una situación dramática o catastrófica? Por ejemplo, en las semanas que siguieron a los hechos del 11 de septiembre la prensa americana y la gente en su mayoría, era evidente que ponían su atención solamente en los momentos que les tocaba vivir, a ellos como pueblo y como nación. Lo que dijera la BBC o Le Monde era absolutamente irrelevante.

Más aún hoy, en los momentos que tocan vivir a la Argentina, lo que están viendo muchos analistas desde aquí hacia el sur muy poco tiene que ver con la estética o el sufrimiento de nuestro pueblo. La preocupación pasa por lo que afectaría a los intereses norteamericanos el resultado del desenlace de los hechos que se están viviendo en nuestro territorio nacional. La Argentina fue el país que más apostó a una economía neoliberal en toda la región. Esto era acusado a los gritos por aquellos que veíamos esta tendencia en tiempos en los que estoy seguros la mayoría no tenían la menor idea de lo que significaba la palabra neoliberalismo. Se comprueba esto si se revén la campañas electorales durante el segundo gobierno de Menem ¾ y el tema del neoliberalismo ya tenia toneladas de publicaciones¾ en tiempos de los que hablar de proponer una política contraria a la escuela de Chicago era fija de un suicidio político.

Porque el proyecto neoliberal no sólo tiene que ver con la dolarización, globalización o una política servil a las grandes transnacionales. El neoliberalismo es todo un proyecto que abarca desde una visión del mercado y del individuo dentro de este mercado. Argentina entró de lleno en el neoliberalismo, por ejemplo, proponiendo una fuerte política de cultivos transgénicos, la segunda después de Estados Unidos (ver el libro de Walter Pengue, Cultivos transgénicos, de Lugar Editorial), dolarizando la economía y proponiendo ganancias exorbitantes a las grandes multinacionales que llegaron a ofrecer servicios y muy poco trabajo para nuestro pueblo. Y le fue pésimamente. El gran temor de los grandes poderes mundiales ¾ y sobre todo de los intereses norteamericanos¾ es que Argentina salga de la crisis aplicando un proyecto que difiera tajantemente de las políticas capitalistas modernas, que nosotros llamamos neoliberalismo, que proponen al mercado como totalidad y no al individuo como centro del debate. De salir la Argentina con este nuevo proyecto las consecuencias no sólo regionales, sino mundiales, son enormes. Sería la Argentina el primer país que se tiró al río, casi se ahoga con la correntada y a manotazos llegó a la otra orilla. Es que atrás de la Argentina caerán todos los países que apostaron directamente a este proyecto que es insostenible, que es absolutamente deshumanizado y que no tiene posibilidad de sobrevivir porque la ganancia es ínfima para la mayoría y mayúscula para una minoría. Chile se encuentra en resección, Brasil no sabemos desde cuando está en resección porque que hace tanto tiempo que está mal el pueblo Brasileño que ya se ha vuelto algo normal. Agreguemos Venezuela, México, Colombia con una guerra ya de años y cualquier país que uno quiera nombrar en la región. Hoy lo decimos y que se empiece a comprar los diarios en poco tiempo y ver como uno a uno los países de la región o cambian esta política o va haber cacerolas a lo loco.(*)

Estos momentos terribles, son también un gran momento para nuestro pueblo. Y que no se confunda lo que digo con la patriotada del nacionalista que imagina que poniendo la bandera azul y blanca en la puerta de su casa se está independizando de alguien. O del izquierdistas que aún imagina que habrá una revolución comunista en algún lugar del planeta. El salirse del proyecto neoliberal exige: proponer una alternativa sustentable que contemple vivir en un mundo globalizado, que las nuevas tecnologías tienen que masificarse y llegar a todos por igual de una forma ecológica, que el bienestar de los individuos de una sociedad esté por encima de las reglas del mercado, y por ultimo, un gran cambio en la forma que nos pensamos a nosotros mismos. Dejar ya esa necesidad pueblerina de parecernos a los Estados Unidos o queriendo aparentar algo que lejanamente somos y suprimiendo nuestra riqueza cultural, nuestra historia y nuestro papel en la gran diversidad universal.

Es por eso que hay algo de alivio y de tristeza al ver a la gente con cacerolas sacando a patadas a un proyecto. Pateando la pizza y el champaña, y poniéndole en el centro del poder un tacho metálico real, repetirse esto mil un una vez, real. No la palurdería, esa catetería o cosa minúscula de aquellos que quieren aparentar algo que no somos, vendiendo hamburguesas de McDonalds que aquí en los Estados Unidos comen los pobres que no tiene para pagarse una cena como la gente. (y lo voy a repetir esto mil veces porque es una de las ridiculeces más grandes de estos tiempos). O el politiquito que asustado veía detrás de la ventana como hacía para reinventarse en frente de semejante realidad. A los cinco minutos corría a escribir la palabra neoliberalismo 75 veces en su cartilla a los diarios sin saber bien si es un adjetivo o un sustantivo tal palabra. Y la izquierda, con los ojos a más no abrir creyendo que llegaba Fidel en aeroplano.

Un NO en plena cara a aquellos que nos quieren vender un proyecto de la imagen y aquellos que quedaron en otro momento de la historia, eso es lo que yo creo se ve desde aquí. Un pueblo que subestimamos y que tomó su destino colectivamente, es lo que creo se ve. ¿Es o no es maravilloso? La cacerola de la cocina de la vieja, ahí en el medio del New York Times, el fitito con el escudo del torito de mataderos en medio de Wall Street, sacando humo y haciendo atragantar los "biscotti" de la tarde con el "late". Es maravilloso y es tremendo por lo auténtico y real. Porque una cacerola en manos de una persona haciendo ruido es lo más lejano que puedo haber del pobre, y pobre con todas las letras, amigo que me pregunta como se nos ve en el exterior. ¿Cómo se nos ve en los diarios, en pleno idioma ingles del San Francisco Chronicle? Se ve en la tapa a los vecinos del barrio con sus cacerolas y sus gargantas llenas de bronca haciéndose escuchar. Lo más real que he visto de mi querido país allá en el sur desde hace ya mucho pero mucho tiempo. Alivio y profundo dolor, eso se ve.



 

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