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El Periódico
Por Fabián Banga

Cuando uno analiza las nuevas urbes que se iban formando a fines del siglo diecinueve, incondicionalmente tiene que prestar atención a las nuevas tecnologías que iban delimitando las posibilidades de estos nuevos espacios urbanos que se erguían implacables y soberbios. La luz eléctrica, por ejemplo, indudablemente desafió las tinieblas de la noche que por años había cargado de sueños indomables y lúgubres los espacios nocturnos. La lucha entre la tecnología y el miedo son enemigos ya practicamente agotados en el mundo de la novela, agotados pero no por esto menos actuales. Por ejemplo en Drácula, Van Helsing y sus aliados se valen de las nuevas tecnologías para atrapar al famoso conde extranjero que llega a Londres, la gran ciudad gótica, a disfrutar de los tiempos modernos. Se valen de diferentes tecnologías: el tren, herramientas varias y dentro de éstas, la máquina de escribir. La máquina de escribir no sólo en su relación con la imprenta, sino también en su relación con la escritura. La escritura como tecnología y material de intercambio, material que pasa de individuo a individuo y tiene un valor no sólo económico sino sociológico y cultural. La escritura como mercadería inmediata, el periódico.

El periódico, hijo entrañable de la ciudad, conoce a su madre de una forma única. Pese a los diferentes aluviones tecnológicos, continua hoy más que nunca sobreviviendo y haciendo sentir su majestuoso espacio de infamación. Se trasmuta y cambia de forma externa introduciéndose en el Internet, pero su esencia continua intacta. Es éste el espacio de la escritura cotidiana, pasajera y en constante demanda de nueva producción. El periódico es el contexto que dio al escritor la posibilidad de encontrarse con la gente, la masa, la realidad cultural. Es el espacio que también en lo inmediato de la realidad urbana, le dio de comer y lo sacó de los jardines exóticos para ponerlo codo a codo con la masa trabajadora. Es por esto, que en la metáfora del "diario" de Van Helsing y sus secuaces, hay una íntima contradicción con el Vampiro: ser del pasado que impone desde la oscuridad el robo de la libertad de decisión, el robo a movernos libremente por la ciudad en la noche intentando de alguna forma robar la ciudad al robar la libertad de movernos en ella. Para el lector de fines de siglo el diario se relacionaba directamente con la modernidad porque era un espacio de libertad popular, un espacio de debate, un espacio que con su relación con la moderna luz eléctrica iluminaba la oscuridad de lo no sabido con la noticia inmediata. El vampiro representa lo opuesto de esto.

Voy a admitir que siempre sentí admiración hacia el espacio periodístico. Es la cuna de una producción artística cotidiana, presente y en directo contacto con la gente. Es presente en tanto que se diferencia con el espacio académico que intenta producir trabajos a largo plazo, trabajos para una minoría letrada que pueda manejar términos oscuros y profundos. El diario está en contacto con la gente y es hermano del café y el mate del domingo. El diario entra en lo más intimo del hogar, propone ideas, es compinche con la resistencia en momentos de opresión. Es profundamente peligroso para los enemigos de las voces polifónicas. Es por esto que ha resistido las eras del Internet y la televisión, porque el diario es una necesidad íntima del pueblo. Así como la radio nos da el espacio para el debate oral, el diario nos da literatura del debate. Es éste un espacio de debate no tan rápido como el de la radio, pero tampoco tan lento como el del libro.

Esto se justifica por la necesidad cultural que cubre el espacio del diario. Una zona sin diario no es zona. Requiere ser nombrada y justificada desde la letra como si fuera un documento que atestigua esta realidad. No es de extrañar que si en algún momento necesite enviar a mis estudiantes hacer un estudio cultural de una región, los envíe a los diarios locales. Así también mis maestros en su momento me enviaron a mi a buscar en los diarios de una época o región. Así también mis mentores y compañeros usan los diarios como medidor de teorías. No es de extrañar que este diario mismo sea leído por cientos de matanceros en el internet desde dentro y fuera del país. No es sorpresa, es una realidad lógica y predecible.

Más allá de todo, el diario es también documento histórico y cultural, es la fotografía en letra de la ciudad en un momento y lugar específico. Hace ya algunos años hice un estudio de una obra de Benavente, el dramaturgo español. Fue el diario "El Imparcial" el que vino a salvarme, en microfilm, ofreciéndome líneas de un periodista de nombre Laserna que quizás cobró un café con leche la descripción de como había salido la obra "Los intereses creados" el 10 de diciembre de 1907. El periodista pintaba el espacio cultural del momento, ya no era sólo periodista al hacerlo, sin querer era también historiador.

Frente al poder que representa el diario es el primero en ser silenciado en momentos de cambio o tensión. Como en la tensión entre el monstruo gótico y la modernidad, el pasado resiste el futuro de la misma manera que Drácula se opone a Van Helsing. Más allá de cualquier analogía presente, Drácula es representado por el escritor inglés como alto y con amaneramientos sofisticados de conde o doctor, con lenguaje elaborado trayendo su sustento de un justificativo basado en su pasado y su clase. Van Helsing es descripto por Stoker como bajo y robusto, un bonachón práctico y hasta un poco tosco sin muchos rodeos. Es el representante de la modernidad práctica, el empuje del futuro. Como el diario, con tinta rápida que corre contra el tiempo, así Van Helsing enfrenta a un Drácula que quiere imponer su clase y es intolerante con el empuje moderno. De alguna forma trae los códigos de su región natal que contrastan directamente con la metrópolis, un universo con un tiempo y cultura independiente. Si bien los dos personajes son de alguna manera similares en sus latitudes opuestas, en esta tensión se corre una carrera que no da chance ninguna, ya que lo que está en juego no es solamente el triunfo de uno o de otro. El diario nuevamente entra en juego. Es éste un diario personal y Van Helsing se obsesiona por hacer escribir todo, y desde la escritura hacer un mapa que lo lleve a las falencias y debilidades del conde. Se impone la urgencia de lo inmediato y de esta tecnología cultural. Vemos maravillados como los contrincantes se entremezclan en una batalla que los iguala y los consume. Sabemos y sufrimos frente a la realidad de que si pierde la modernidad terminamos perdiendo inevitablemente todos ya que Drácula al llegar a Londres, o si prefieren San Justo, pasa a ser ya parte del torbellino de la urbe. Londres con identidad propia, a la luz de sus faroles de neón, iguala a todos dentro de un mismo tiempo e historia.



 

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