El mal nuestro de cada día.
Por Fabián Banga
El presidente del los Estados Unidos
salió esta noche a dar un discurso patriótico que a un
puñado de analistas le erizó los pelos. Bush no anduvo
con chiquitas y llamó a Irán, Irak y Corea del Norte "evil"
que significa no solamente "mal" sino: el mismo mal, lo demoniaco.
Cuando escuché el tono como lo decía, inmediatamente recordé
las palabras de Sartre: "el infierno son los otros". El otro
es el diferente, el que no me identifica ni nos identifica, el de la
otra clase, otro país, otro lugar; el otro, el no-nosotros. Ese
otro que está allí y es tan fácil culpar, aquel
al que podemos alejar de nosotros para de alguna forma purificarnos,
dirigir nuestra bronca y nuestra crítica.
A nadie le queda duda que lo que se hizo
en Nueva York es una acto de absoluto mal. Lo que sí produce
muchas dudas, o por lo menos tendría que producir, es ver a este
pueblo americano unido hoy en día y enfilado detrás de
un presidente que no hace mucho, antes del 11 de septiembre, una gran
mayoría consideraba totalmente incompetente para gobernar la
indudable mayor superpotencia económica y militar de todos los
tiempos. Pero este "otro" crea el milagro, paradójicamente
el "mal" termina haciendo algún tipo de bien. Primero
porque es más fácil. Encontrar a alguien para contra quien
trabajar genera un incentivo que saca a cualquier país o grupo
del poso en el que se encuentre. Funcionó muy bien durante las
grandes guerras y la depresión de los 30's. Quizás funcione
nuevamente.
Pensaba también que nosotros en
la Argentina no contamos con esta "suerte" de encontrar el
enemigo simple, claro y causante de los males que estamos sufriendo.
¿A quién se puede culpar de donde estamos? seamos sinceros. Podríamos
culpar a los políticos, pero de ser así tendríamos
que recordar el alto grado de aceptación que estos tenían
en su momento de esplendor. Tendríamos que pensar en Menem quien
fue reelecto. Tendríamos que pensar en De La Rua, quien también
ganó por lo menos una elección. Podríamos decir
que es causa de las terribles políticas económicas que
nos "fundieron", citando una palabra usada por el presidente
Duhalde. Pero estas políticas económicas están
con nosotros desde hace ya mucho tiempo. Y de alguna forma nos siguen
acompañando. ¿Por qué no salimos a puras cacerolas cuando
el país entraba en la caída profunda del endeudamiento
y la extorsión? ¿Por qué no protestamos cuando el uno
a uno nos daba los salarios más altos de Latinoamérica
y al mismo tiempo destrozaba a la mediana y pequeña industria,
y el Gran Buenos Aires entraba a producir desocupados, pobreza, hambre?
El fin de semana pasado salió
en el diario Pagina 12 una entrevista a Alejandro Kaufman titulada "Uno
no constituye una acción política por los ahorros".
Hay partes que podrían ser discutidas, pero hay que admitir que
Kaufman en algunos puntos mueve la discusión a espacios que prácticamente
nadie quiere ver o discutir. Citándolo directamente Kaufman en
un momento dice: "El desamparo del estanciero, del chacarero y
del trabajador rural no es porque se les inundó el campo, es
porque no es objeto de interés por el resto." Y yo me preguntaba,
¿no será éste también el desamparo del pobre que
vive en la miseria hace ya tiempo y el resto no movía un pelo?
Porque las cifras de desempleo y marginalidad están ahí
desde hace tiempo pero si algún candidato simplemente insinuaba
en cambiar el rumbo durante las últimas elecciones, el final
era abrupto y repentino.
Nadie duda que aquí hay dos tipos
de protesta, no hay nada nuevo. Entre las cacerolas y los ahorros, y
el corte de ruta y los pedidos de comida gran distancia hay. Se unen
quizás estas distancias por la necesidad, pero las distancias
están ahí desde ya hace mucho tiempo. Se busca un "mal"
en común, se intenta y algo se logra por momentos. Pero podemos
gritar juntos, pero no somos lo mismo. La imposibilidad de la reconciliación
que en lugar de lograrse por el "primer mundo prometido" se
empeora y acrecienta. Esta misma desunión, esta catástrofe
constante de las dos argentinas, es quizás nuestro "evil"
de cada día. No tenemos que ir a buscarlo a ningún otro
lado como los americanos, lo tenemos en la puerta de casa, lo llevamos
en nosotros mismos a todas partes. y quizás, tan solo quizás,
lo estamos reconociendo. De ser así, estaríamos más
avanzados que muchos países del "primer mundo".