La objetividad
masculina
Por
Fabián Banga
Los preconceptos
de algunos términos, ideas que nos guían a diario y
tomamos como base de nuestro discurso, se construyen en muchos caso
gracias a la manipulación del significado a la luz de un proyecto
ideológico y no desde la objetividad del significado mismo.
Uno de los términos que más llaman la atención
al ver lo que se interpreta desde la lengua cotidiana y por ejemplo
lo que significa desde la luz de la academia es el término
"feminista". Ronda por ahí una definición
de feminismo que propone que el feminismo es una teoría que
atenta contra la idea de objetividad masculina. Esta idea de objetividad
masculina está inmersa en la cultura y es todo aquello que
implícitamente y sin ningún previo análisis del
tema nos lleva a aceptar como "coherente o bueno" una realidad
que propone al hombre como propietario del poder en la sociedad. De
ahí que por ejemplo cuando uno imagina la imagen del presidente
inmediatamente lo imaginamos hombre. A tal punto llega esto que se
plasma en el mismo idioma con palabras en constante género
masculino: presidente y no presidenta, y así en montones de
ejemplos.
Pero
con el tiempo las cosas han ido cambiando sin mayor explicación
que esto requiera; no tanto como quizás hubiéramos querido
(o algunos otros no hubieran querido), pero indudablemente no sorprende
a nadie que hoy en día una mujer esté a cargo de una
importante posición ya sea gubernamental o empresarial. El
cambio es lento pero consistente. Recordemos que no hace mucho tiempo
las mujeres en la Argentina no podían votar; hace solo 50 años,
lo que es muy poco. Más aún en tales características
sociales sobresale la imagen de una mujer que tenga el poder, la capacidad
y el carisma de guiar a las masas con tal maestría que el mundo
entero ha creado de su imagen una leyenda y un símbolo inigualable,
la imagen de Eva Perón. Eva Perón es una imagen embajadora
de lo que es la Argentina en el mundo. Llega hasta tal punto el poder
de la imagen de Evita que ha llegado hasta ser un estilo y una moda
en las grandes metrópolis como pueden llegar a ser Nueva York,
París o San Francisco. Su fecha de nacimiento aparece en las
grandes revistas de vanidades norteamericanas y francesas junto a
personalidades como Washington, Juan Pablo II o Gandhi. Pero más
allá de la imagen y su estilo o "fashion" Eva Perón
es un fenómeno histórico y sociológico impresionante
desde la base que atenta con no solo la objetividad clasista del poder,
sino también contra el proyecto masculino objetivo que es tan
fuerte en nuestra cultura. Evita es una contraposición contra
el imaginario oligárquico masculinizante que se representa
en la imagen del terrateniente conservador que ostenta el poder no
solo patriarcal sino que también se adueña de la imagen
europeizante y moralizante del poder. Un edificio de estilo europeo
como puede ser la Casa Rosada, y sus decoración hasta en ciertos
puntos neobarroca, es asociado con el solemne traje oscuro masculino,
con la palabra bien moderada y refinada que ostente el peso del poder,
en resumidas cuentas, con el proyecto de blanqueamiento de la patria
que nos llega desde tiempos de Sarmiento y Roca.
La imagen
de Eva Perón, con una hermosura envidiable, con buena articulación
del discurso, carismática, con fuerte halo de autoridad y por
sobre todo mujer, y hay que enfatizar en esta ultima palabra, marca
la ruptura de una tradición altamente polarizada que mostraba
como algo objetivo y bueno, al hombre educado y administrador del poder
y del estado. Eva Perón, más allá de lo enfáticamente
válido que puede llegar a ser el amor que su pueblo le demostró,
el amor que ella misma le retribuyó hasta el punto de dar su
vida por su "descamisados", es desde el punto de vista histórico
y teórico un caso único en la historia nacional y del
mundo. Es la creación de un imaginario de poder que se solidariza
con la imagen de la mujer, poniéndola no por sobre el hombre,
sino a la par del hombre, lugar del cual por lógica y por sencillo
derecho, nunca debería haber dejado de estar. los preconseptorlos.