El
potrero local
Por
Fabián Banga
(11-04-03)
Al final
la caída de Bagdad llegó y las armas de destrucción masiva no aparecieron.
Como diría Michael Wilson hoy jueves en el New York Times: nada de manifestaciones
populares en apoyo a las tropas en Bagdad, nada de "queremos a los americanos",
nada de rosas. Lo único que quedó es un gusto amargo en cámara lenta
que funcionó como telón de fondo en esta tragedia que dejo un país en
estado de caos y quién sabe cuantas vidas chorreando en la arena y al
olvido de los tiempos. La sensación que se vivió en estas latitudes,
para nada fue de júbilo; más bien similar a la sensación que siente
uno frente a la idea de la eutanasia. El padecimiento (la tensión primaria)
se pierde detrás de la dolencia relativamente menor. Queda como un sonido
agudo en el alma análogo al murmullo que queda en los oídos a la salida
de un concierto de rock. Hoy Eduardo Galeano, en un articulo en Página
12, lo describió en términos de "La Nausea".
Porque
si bien uno tendría que sentir un alivio frente a la caída de un dictador
que oprimió y torturó a su pueblo por décadas, la extirpación del mal
se asemeja a la extracción de una muela picada con una tenaza y sin
ninguna anestesia. Los riesgos futuros son tan grandes que de no actuar
rápido, el desencadenante es la muerte del dolorido. Más aún los efectos
colaterales que esto puede llegar acarrear. Lo que más se escucha aquí
en íntima conversación de café de todos los días, es el odio que esto
está generando en el resto del mundo en contra de los Estados Unidos.
Si bien desde dentro del país y desde Inglaterra, se han generado los
movimientos más potentes en contra de la guerra, se teme que esto pase
desapercibido y lo único que se genere sea un odio general que vuelva
a tener como víctimas al pueblo norteamericano en general.
Por
otro lado los anticuerpos ya comenzaron a trabajar desde el mismo ámbito
político. Si bien es una tradición apoyar al presidente en momentos
en que la guerra es ya un acontecimiento (con el fin de preservar una
unidad política nacional) son tremendas las críticas y presiones que
el presidente y su grupo reciben una vez terminado el conflicto. El
lunes pasado, nos sorprendió un aviso publicitario que ocupaba toda
una página en el diario de San Francisco, el San Francisco Chronicle,
que llamaba a una campaña para enjuiciar políticamente al presidente
Bush. El aviso estaba firmado por el grupo Vote to Impeach que promueve
la campaña en su propio website: http://www.votetoimpeach.org. Lo significativo
de esta campaña es que está apoyada por Ramsey Clark, que fue attorney
general de la administración del presidente Jonson. Es decir, está apoyada
por gente de mucho poder. Uno de los procesos de la acción es pedirle
a la gente que firme un petitorio que se le enviará a sus respectivos
representantes para que estos comiencen el proceso de juicio político.
Que el tal cometido se logre o no, está por verse. Lo importante es
ver el grado de resistencia que esta "cruzada" de Washington está teniendo
tanto dentro como fuera del los Estados Unidos.
A
estas tensiones internas, habría que recordar una vez más, se le suma
el enorme desequilibrio económico de la región que está empezando a
afectar no solamente al sector comercial, sino hasta los beneficios
sociales de la clase trabajadora que ya hace tiempo está sufriendo los
embates de la crisis económica y el desempleo. Esto propone un horizonte
bien embarrado para la administración del tejano que cuando se vea privado
de las cortinas de humo de la CNN, CBS y FOX, tendrá que enfrentar una
batalla mucho más dura en el propio potrero local.