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El tema de la guerra desde lo local
por Fabián Banga (2/3/03)

(Partido Dos, Deep Junior vs Kasparov) Martes 28 de enero, y los cuatro fanáticos frente a la computadora viendo por el internet el partido de Kasparov contra la computadora "Deep Junior". Todos palpitamos frente a la partida, los comentarios se mueven como el mate y el café que circulan sin parar. Kasparov arranca la partida con esa fuerza heroica que lo caracteriza y tanto nos hace admirarlo. Ataca con la misma fuerza con la que destrozó a Junior el domingo pasado en solamente 27 jugadas. La máquina se defiende y Kasparov pone toda su fuerza. Es la humanidad del jugador contra la máquina que nos hace quizás a los cuatro en la oficina pegar saltos, reírnos y asustarnos frente a las jugadas poco ortodoxas del Ruso. Ya no es el campeón el que juega, sino un maestro que se pone a toda la humanidad a cuesta para enfrentar a la lógica de la máquina. Los cuatro compartimos que Kasparov es el mejor jugador de todos los tiempos. Junta el romanticismo de tiempos de Capablanca y la visión profunda y aguda del juego moderno. Es un bohemio total. Juega contra cualquier computadora que se le ponga adelante. Las entiende y las ataca por el lugar que más les duele. Pero al final el campeón se queda corto, está evidentemente fatigado. Su estrategia y valentía no alcanzan. Al final la partida termina en tablas.

Termina el partido. En los pasillos de la universidad el sonido de los cientos de estudiantes que van y vienen me guían de alguna manera a otra clase que dar. Estudiantes por todos lados pegan carteles convocando a la próxima protesta contra el distrito universitario que ha hecho recortes enormes dejando montones de clases canceladas y una incertidumbre que ya es un común denominador en California. La resección que se había pronosticado pasajera, no pasa y la desocupación no encuentra techo. Los rumores de guerra no ayudan a la depresión generalizada que encuentra como catarsis la protesta popular. La división entre la gente es absoluta. Pero California, en sus centros progresistas y liberales como San Francisco y Berkeley, se moviliza constantemente en protestas y debates en instituciones y medios de comunicación públicos. "No en mi nombre" es el lema. Pero no todos están en contra de la guerra, lo patriótico siempre tira en todas partes. ¿Por qué no iba a tirar aquí también?

(Partido tres, Kasparov vs Deep Junior) Los mismos cuatro en mi oficina, yo tomando mate y ellos con café y té. Galletitas para todos y la computadora con el mismo website que pasa la partida al momento. Kasparov ahora con blancas busca repetir el avasallador triunfo de la primera partida. Rápidamente con su técnica poco convencional logra tomar el liderazgo del ataque. La computadora toma un peón ofrecido por el maestro y todos creemos que después de esa jugada a Junior lo van a tener que usar como tostadora. El maestro aprieta pero la computadora busca un horizonte que ninguno de los cuatro puede ver. Repentinamente la jugada de la máquina que todo el mundo vio como ridícula, resulta no tan absurda. El final se prevé abierto y a puro cálculo. En pocas jugadas la cosa se le complica a Kasparov y el tiempo se acaba. Difícil es ganarle a una computadora en esta posición, dice uno. Quizás si fuera contra otro humano tendría mucha más chance, dice otro. Todo el mundo ve un simple final que lleva a tablas. El romanticismo del maestro no se lo permite y prosigue atacando con lo poco que le queda. Pero las matemáticas nuevamente se presentan implacables y el maestro pierde la partida.

Termina el partido y nuevamente mi caminata por los pasillos, con sus cientos de estudiantes recorriendo el edificio. Podría ser cualquier universidad, cualquier país, cualquiera con sus mismos estudiantes, sus mismos dilemas, sus mismas cosas de todos los días. El "no en mi nombre" aparece nuevamente en carteles, y los mismos estudiantes que repartían panfletos ahora invitan a la marcha del 16 de febrero en San Francisco. "STOP THE WAR ON IRAQ! NOT IN OUR NAME", recita el cartel pegado a un poste de luz. En la televisión muestran a las tropas alistándose, y a sus familiares despidiéndolos. Hay una sensación indeterminada que lleva a la polarización absoluta. Mark Shields, uno de los mejores analistas políticos del país, proponía en un noticiero nacional que en el 2002 cuando el presidente y su partido tuvieron éxito en su discurso político, todo estaba relacionado con el terrorismo. Ahora el país está en plena incertidumbre por la economía, por Irak y por Corea del Norte. La complejidad del momento es mucho mayor.

Las jugadas a seguir a más de uno le crispa los nervios porque si bien se podría salir de estos problemas con Irak con un final de "tablas", pareciera que se sigue una tendencia que alguno llego a llamar "posheroica". Pero el problema es aún más complejo. La partida ya está muy avanzada y un retroceso a estas alturas tendría el inevitable aspecto de una derrota. El paralelismo con la partida de Kasparov es extraordinario. La impresión es que en el bloque republicano se prevé que si se sigue esperando, la popularidad del presidente irá en retroceso y ya una derrota en las urnas será inevitable. ¿Por qué tener esta actitud frente a Irak y no la misma frente a Corea del Norte?, se escucha por algunos lados. ¿Qué sabe la Casa Blanca que el resto no sabe?, replican otros. La victoria política partidaria, quizás, esté poniéndose por sobre la victoria del bien común. Un tema que de última también es muy familiar, ya que es algo que nosotros los argentinos, a nuestra manera, conocemos perfectamente.



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