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El Guerrero interior
Por Fabián Banga (3/8/03)

La imagen de la guerra es algo que está con nosotros desde los comienzos de la humanidad. Es tan fuerte esta imagen interna que hasta se representa en alegorías y arquetipos como Marte (el dios romano de la guerra), las batallas en el Corán, la figura de los Arcángeles. Porque de última es una imposibilidad vivir sin la lucha, por más que esta faceta de nuestra vida por infinitas deformaciones de violencia desmedida se ha vuelto una realidad oscura y deplorable. La imagen del verdadero Guerrero Interior no proyecta una energía destructiva sino constructiva. La literatura ha dedicado enormes espacios a la imagen del noble Guerrero; en la cultura hispánica podemos ir a los romances medievales para encontrar estos arquetipos. En nuestra literatura, encontramos este reconocimiento mutuo de grandeza en, por ejemplo, la maravillosa imagen de Cruz uniéndosele a Martín Fierro: "Cruz no consiente / que se cometa el delito / de matar a un valiente." (Versos 1624-1626)

Robert Bly, en su libro Iron John propone que no hay Guerrero sin un Verdadero Rey. Este Rey, que significa la "Causa Noble", es el motor fundamental de esta substancia espiritual que existe sin distinción en hombres y mujeres. Este Guerrero interior ve en la lucha una empresa en pos del bien común y una causa trascendental. Esta esencia está presente en la imagen de Krishna junto a Arjuna en la batalla de Kuruksetra, en la imagen de Jesús echando a los vendedores del templo, en el profeta Mahoma junto a su pueblo en la Guerra Santa. Esta energía del Guerrero superior el poeta Garcilaso de la Vega la representa de esta forma: "Entre las armas de sangriento Marte, / do apenas hay quien su furor contraste, / hurté del tiempo aquesta breve suma, / tomando ora la espada, ora la pluma."(Égloga III)

Pero hoy en día, esta energía vital interior se ha perdido o atrofiado en nuestro imaginario. La dualidad de ver todo o bueno o malo, nos ha hecho perder la admiración por la lucha interior, espiritual y transcendental. Esta energía es también el motor que moviliza a los pueblos en busca de su bienestar. En contradicción con esta energía, la guerra moderna es un arrebato de destrucción masiva con intereses mezquinos e imperialistas. Si verdaderamente tuviéramos "buenos reyes" como nombra Bly, la causa de la guerra estaría justificada al ser comandada por Guerreros espirituales que protegerían nuestras regiones, nuestras culturas y futuros. Pero la guerra moderna es cobarde y cómodamente tramada detrás de una pantalla. Nuestros soldados luego de la batalla no son recibidos y honrados por sus pueblos, y sus familias no son protegidas por la sociedad. Nuestros soldados de Malvinas o Vietnam son abandonados por nuestros dirigentes como material de descarte. Olvidados en la oscuridad del pasado, son directamente el olvido de nuestro Guerrero interior que agoniza a principios del siglo XXI. La infinita lista de privaciones y esfuerzos que nuestros pueblos han hecho, hoy en día parecieran no tener mérito alguno y en lugar de recibir recompensa por esto se pide aún más esfuerzo. ¿Qué Guerrero interior puede resistir esto? Las nuevas generaciones necesitan canalizar en el presente las luchas gloriosas del pasado, que se representa en la lucha de los pueblos, la reivindicación de la clase trabajadora, la liberación de la mujer, la cultura popular, y en algunos casos pero no siempre, la guerra en pos del bien común. El sacrificio del pueblo Ruso contra la destrucción nazi o la muerte de soldados en la segunda guerra tenía como fin dar la vida propia por la libertad de muchos. Pero lo que se está preparando hoy en día en Irak no se asemeja en lo más mínimo al sacrificio que anteriores generaciones ofrecieron. Quizás esto la mayoría de los pueblos de alguna forma lo presienten, y dentro de su confusión y división muestran resistencia.



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Fotos: Mina Valenza

 

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