Sobre
algunas facetas de la intelectualidad criolla
Por
Fabián Banga (15-04-03)
Son
días de desilusiones y pesadumbres estos que nos tocan vivir. Hasta
Cuba nos desilusiona, como diría Saramago, con sus propios fusilamientos.
Las fotos de los chicos-soldados de 19, 20 años muertos en Irak,
nos miran serios y firmes desde la pantalla, en el momento de silencio
que los noticieros locales les ofrecen diariamente. Silencio que
también ocupa el lugar de las noticias que deberían ofrecerse, sobre
el verdadero numero de muertos civiles, víctimas inocentes de la
ocupación de Irak.
Pesadumbres
asociadas a un imperio descarriado y sin rumbo, enarbolando lo grotesco
de una actitud casi psicótica. Pero más aún es la falta de posibilidades
y alternativas que desespera; y en este campo hay que sincerarse,
todos tenemos parte en la culpa. Es duro y bien amargo tragarse
la píldora de lo evidente cuando uno viene de patada en patada,
de desilusión en desilusión. Tomemos el ejemplo de la Argentina.
El nuestro es un país sin rumbo que por más que esté a días de las
elecciones, no propone cambios significativos a esta cortina de
humo agotadora y sin esperanza. La falta de alternativas es evidente
y que parte de la población apoye a candidatos que representan lo
más oscuro de nuestra contemporánea historia dice mucho en contra
de nosotros mismos.
Lamentablemente
esto se asemeja de una forma indirecta a la caída de Bagdad. Cuando
las tropas entraron la gente ni salió a recibir a las tropas foráneas
como liberadoras, ni salió a recibirlas a pedradas o aceite hirviendo
como cuentan nuestras anécdotas nacionales sobre las invasiones
inglesas. La gente salió a saquear todo lo que encontraba por la
represión y el hambre que venía sufriendo. Estas realidades, que
todos vimos por televisión, son muy difíciles de tragar. La falta
de coordinación, de resistencia organizada, o no más sea, la resistencia
pasiva por parte de las masas, no pudo ser organizada ni siquiera
por la fuerza de la religión.
Aquellos
saqueos, me recordaron mucho a la Argentina de hace algunos meses.
La desesperación del sálvese quien pueda es inevitablemente el síntoma
de una sociedad en donde no se salva nadie. En aquellos momentos,
en un artículo como éste, largue una idea, que para nada era nueva
u original y que enfatizaba en la falta de capacidad de la dirigencia
argentina. Cuando los dirigentes se dieron cuenta la gente ya se
había ido. Hoy en día sería justo también proponer que mucha de
la intelectualidad argentina está en sintonía con la clase dirigente.
Desde estas latitudes, por el intercambio de información directa
y por la lectura de los artículos en los diarios, uno interpretaría
que algunos intelectuales se abaten en la niebla, a tres manos,
tratando de no perder los privilegios del discurso del primer mundo.
Por supuesto que no hay que ser absolutistas, hay evidentes excepciones.
Muchos
intelectuales en el territorio intentan interpretar la realidad
mundial haciendo cola a las puertas de los cines, para ver la nueva
versión de "Chicago", esperando que de las migajas que caen del
imperio uno pueda llegar a entender lo que está pasando en el mundo
actual. Un ejemplo es la fascinación que existe en el debate nacional
por las frivolidades del imperio; sinceramente es un tema notable.
No me extrañaría enterarme que, por ejemplo, en Argentina el interés
por los Oscars sea mayor que el que existe aquí. Habría que hacer
un estudio sobre el tema. Hoy por la mañana hasta un artículo de
Sandra Russo, una columnista que disfrutaba muchísimo, entrecruzaba
términos que iban desde imágenes de soldados americanos insultados
hasta en su propia genética por el solo hecho de ser americanos,
hasta afirmar en el mismo artículo que ella había visto la película
"Chicago" y presenciado la entrega de los Oscars. Yo creo que no
conozco a nadie que haya visto la entrega de los Oscars aquí en
Berkeley. Hay que tener estomago para ver semejante bazofia.
Otro
gran problema es que no todos nuestros intelectuales saben diferenciar
entre un pueblo y su gobierno. Es mucho más fácil acusar al pueblo
americano de grasiento come salchichas con panceta, que reinterpretar
la realidad mundial desde los networks de poder. Porque es mucho
más simple hablar de buenos y malos, en lugar de ver los matices
que se plantean en la realidad mundial. Es paradójico, pero estos
elementos de buenos y malos es la misma técnica que usa el imperio
a la hora de enunciar su categórico y mesiánico ataque al "eje del
mal". Frente a esto, el norte ideológico celebra, ya que lo mejor
que se le puede hacer al espacio de poder es no entenderlo. Por
otro lado, claro que es valido afirmar que Bush (quien es presidente
de los Estados Unidos sin tener la mayoría de los votos nacionales)
fue votado por este pueblo. ¿Pero qué pueblo puede estar absuelto
(comenzando por el nuestro) de este tipo de aberración?
Es
justificable tal confusión entendiendo el entorno. Por más duro
que esto sea, ya las citas dogmáticas de Freud y Marx
parecieran párrafos de tratados de remotos tiempos. Ya estos no
ayudan a entender la realidad de este mundo actual y perverso que
viaja a la velocidad de la tecnología y al ritmo de los que la poseen.
Justicia no se hizo ni se hará por lo que podemos ver en estas circunstancias
mundiales, porque la victoria en estos tiempos poco tiene que ver
con la entereza y mucho con la velocidad y recursos que se disfruten.
Dentro de estas tecnologías y dentro de estos enmarañados discursos
se proyectará el cambio a las nuevas amenazas de la realidad imperial.
En el lecho terminal de la nación, en la herida de muerte que se
le ha dado a la legitimidad de las instituciones, gana el que es
más rápido para entender y resiste aquel que domina estos espacios
esotéricos.