Iraq
y las jugadas de Washington
- por Fabián Banga
El conflicto
que enfrenta la administración Bush en Iraq ha llegado finalmente
a tierras norteamericanas. Si bien este prolongado problema había
sido hasta ahora calmado por una patriótica cortina de humo,
pareciera ser que el desgaste que están sufriendo las tropas
en territorio iraquí y las enormes pérdidas humanas
cotidianamente vistas por la televisión, están afectando
la popularidad de la presente administración. Cuando Bush
tomó la segundá presidencia, el porcentaje de aprobación
era del 57% y el contrario de 40%. Hoy en día el 45% de la
población aprueba su desempeño y el 51% lo desaprueba.
Más aún: el 57% opina que la guerra en Iraq ha dejado
a los Estados Unidos más vulnerable al terrorismo (subiendo
un 19%), el 54% opina que fue un error haber invadido Iraq y el
56% opina que las cosas no están yendo bien en Iraq. (Online
NewsHour: Shields and Brooks Discuss Declining Support for the War
in Iraq -- August 12, 2005)
Se podría
pensar que estos números son exageradamente altos para un
presidente que no ha sabido como manejarse correctamente en el contexto
internacional luego del ataque del 9/11. Solamente 20 mil soldados
de la coalición en Iraq no son americanos. El número
de tropas americanas en Iraq ronda el millón en estos momentos.
El número de tropas extranjeras es muy cercano al numero
de mercenarios que está usando Washington para asistir a
sus tropas. Esto nos da una idea de todo lo solo que está
EEUU en territorio iraquí.
La enorme distancia
que hay entre la opinión publica internacional y la opinión
local, era y es tan desmesuradamente desigual que todo análisis
contextual de la realidad local estadounidense requiere tomar como
factor fundamental la exagerada respuesta patriótica que
gran sector de la población generó luego de los ataques
a las torres gemelas. Es interesante ver también que un fenómeno
similar se produjo en Inglaterra luego de los ataques en Londres.
La distancia en el grado de respuesta entre el pueblo norteamericano
y el inglés, es directamente proporcional al daño
producido en ambos atentados.
Todas estas
reacciones populares tienen precedentes históricos. El apoyo
popular que recibió Theodore Roosevelt luego de los ataques
japoneses era una respuesta de unificación nacional, instintiva
y espontánea. Claro que entre Roosevelt y Bush hay una gran
distancia, pero el contexto es el mismo. También, si un ataque
repentino produce apoyo popular, una guerra a largo plazo produce
exactamente lo contrario. Por ejemplo, esta campaña en Iraq
está retomando recuerdos como los de Vietnam, que están
todavía presentes en la conciencia popular norteamericana.
Otro de los puntos de coincidencia entre los dos casos históricos
son el costo humano y el económico. Washington se está
gastando por mes aproximadamente 5.6 mil millones de dólares
en su campaña en Iraq. Más de un personaje público
está comenzando a comparar los dos eventos históricos
y haciendo declaraciones a los medios de comunicación. Para
complicar más aún el tema, la Asamblea Nacional Iraquí
fracasó en generar un documento constitucional para la media
noche del viernes, ya que Shiitas y Sunnies no llegaron a resolver
diferencias relacionadas con estructuras federalistas, entre otros
puntos. Por otro lado es evidente que los militares quieren salirse
del territorio y con tal objetivo argumentan que se están
logrando progresos en el entrenamiento de tropas iraquíes.
Las pérdidas humanas dentro de las tropas, es una temática
siempre difícil de superar como sería evidente en
cualquier sociedad.
La realidad
presente pone entre la espada y la pared a la administración
de la Casa Blanca ya que una retirada de Iraq en estos momentos
sería vista como una incuestionable derrota. A esto se le
agrega que no se está seguro que tipo de constitución
iraquí toleraría Washington. Porque la verdadera pregunta
es que tipo de democracia quiere el pueblo de Iraq y si este tipo
es considerado democracia por la Casa Blanca. Esto hace prever que
la administración de Bush tiene que sacar alguna carta de
la manga, y producir algún evento drástico que enfoque
la atención del pueblo americano en una dirección
que le sea favorable. Porque de última, de poca importancia
es en estos pagos la opinión internacional, como se ha visto
en los últimos años. La verdadera pregunta es que
nos espera antes de fin de año.