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Las internas demócratas en Estados Unidos
Por Fabián Banga (02-28-04)

A días del aquí significativo "Super Tuesday", las internas del partido demócrata parecieran estar definidas del lado del senador John Kerry. Por otro lado, John Edwards está dando gran y admirable batalla; resistiendo con astuto y indiscutible dominio político el arrollador triunfo que hasta ahora viene logrando Kerry. Edwards y Kerry son candidatos muy distintos tanto en lo personal como en su trayectoria política. Incluso representan etapas y regiones del país bien diferenciadas. Esto no quita que de reconciliar estas dos partes y mostrarlas como congénitas y equilibradas, la fórmula Kerry-Edwards se presenta como un sólido y atractivo binomio para vencer al demoledor y nefasto aparato político de Bush. En los últimos debates, los dos candidatos se esforzaron evidentemente en no castigarse mutuamente en exceso. Si bien hubo un claro distanciamiento, Edwards afirmó públicamente que de ganar las internas convocaría a Kerry para el cargo de vicepresidente. Siendo público conocimiento que Edwards tiene pocas chances de ganar las internas, hasta el menos versado en análisis político vio el gesto como un pedido de la vicepresidencia.  Al mismo tiempo, todos los candidatos dirigieron su ataque a la figura presidencial actual, que a fuerza de conservadurismo puro y eslóganes ultra patrióticos ha dividido al país de una forma no vista desde hace mucho tiempo. Kerry, por su trayectoria en el senado, por su pública figura de pacifista-veterano de la guerra de Vietnam y aliado del poderoso aparato sindical, se presenta como un candidato sólido, popular y conocedor de las artimañas políticas americanas. Edwards por su lado, se presenta como una especie de clon del joven y exitosos Bill Clinton: candidato del sur, popular y liberal. Los dos candidatos dirigen su discurso a la clase trabajadora y a la clase media. La crítica: el alarmante grado de desempleo, la evitable campaña militar en medio oriente, el aislamiento geopolítico, los problemas que acarrean los tratados de libre comercio y la falta de inversión en salud y educación. La administración de Bush intentó evidentemente cambiar el tema del debate nacional al intentar agregar en la constitución la prohibición de casamientos entre personas del mismo sexo. San Francisco, con su ya conocida idiosincrasia progresiva, aprobó el casamiento entre personas del mismo sexo generando una peregrinación de centenares de parejas homosexuales de todo el país que llegaban a disfrutar del beneficio ofrecido. Algunas otras ciudades del país se unieron a la ciudad californiana generando la justificada aprobación de la población liberal y el esperado repudio del sector conservador. Esto puso en aprietos a los candidatos demócratas que al no querer perder el voto de algunos conservadores que distanciados de Bush se acercan a la fórmula demócrata. El dilema pareciera no haber pasado a mayores ya que la mayoría de los candidatos esquivaron la pelota, con excepción de figuras como Ralph Nader, el candidato independiente (ex-green) quien se pronunció a favor del casamiento entre parajes gays.

De ganar la interna Kerry (como se prevé) y convocar a Edwards como vicepresidente, las elecciones presidenciales se presentan en el horizonte como una batalla despiadada por la Casa Blanca, por dos proyectos de país bien diferentes. Si bien a largo plazo todos los presidentes se centralizan cuando están en el cargo (este presidente es una excepción), el futuro en caso de que gane Kerry se visualiza con los Estados Unidos inclinado al proteccionismo de la industria nacional y desligado de la mayoría de los acontecimientos económicos internacionales. Esta posibilidad pone a nuestro país en un espacio acertado con relación a las políticas internacionales que se están tomando. Estos son momentos de alianzas y conexiones estratégicas en la región, ya que al estar el imperio preocupado en otros dilemas internos, el camino se presenta libre de las ya conocidas estrategias de desunión. De ganar la fórmula de Kerry, la Argentina y los países de Sudamérica se encontrarán en su mayoría en un tono acorde a las ideas norteamericanas. Si bien no habrá beneficios de las suculentas importación estadounidenses, esto proyectará la necesidad de solidificar mercados internos que lleven a un futuro más protegido y sustentable. De ganar nuevamente la administración de Bush, servirá como una barrera frente a una nueva y adversa ola de incursiones regionales en quién sabe cuántos y distintos aspectos.

Aún es temprano para definir que va a pasar en los comicios presidenciales norteamericanos. La aparición en el campo político de Ralph Nader preocupa mucho a algunos demócratas y liberales ya que podría quitar votos, así como Ross Perot quitó votos a los conservadores en el pasado. Por otro lado, como propuso el analista político americano Michael Beschloss(*), Nader puede terminar ayudando al partido demócrata a asentar sus bases en territorio progresista. Al final de cuentas, es exactamente lo que hizo el multimillonario Ross Perot con el partido Republicano, al moverlo indiscutiblemente hacia un discurso más conservador. 

(*)http://www.pbs.org/newshour/bb/political_wrap/jan-june04/ssb_02-27.html

 



 

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