Kerry
en Boston cierra la convención demócrata
- por Fabián Banga
Terminó
la convención demócrata en Boston y Kerry, la
alternativa al gobierno de Bush, salió a poner todas
sus cartas sobre la mesa. Se lo vio fuerte, hasta distendido
y con un carisma en su oratoria que hasta ahora poco se le
había visto. Era su noche y todo el país estaba
encendido viendo a este hombre prácticamente desconocido
por la gran mayoría. Si bien poco se sabe de Kerry
como persona la razón no es por falta de presencia
y militancia política. Ex combatiente de Vietnam, senador
por Massachussets y una carrera política de más
de treinta años, Kerry es un político experimentado
y con muchísimos conocimientos no sólo de la
arena política interna del país, sino también
en campos como la seguridad interior y la política
internacional. Rodeado de una legión de ex combatientes,
un historiador norteamericano propuso al verlo en escena que
quizás él sea esa última vuelta al aún
irresuelto problema histórico de Vietnam. Es que a
Kerry no le falta mérito para ponerse a discutir los
tema de la guerra y las tropas. Volvió de Vietnam como
un héroe, altamente condecorado, para luego enfrentarse
al gobierno de Washington a la hora de protestar por el maltrato
y olvido que estaban sufriendo los solados en la guerra de
oriente. Y esta trayectoria que contrasta con el éxodo
de Bush al alistamiento militar en tiempos de Vietnam, en
esto momentos pesa mucho. La necesidad de volver a proteger
y valorar el esfuerzo personal inmenso de los ex combatientes
es algo que en la Argentina, lamentablemente, no ha llegado
a tener la importancia y el debate que se le está dando
en estas latitudes del norte.
Esta técnica
demócrata de patriotizar a Kerry tiene una función
de resistencia y de "quita de pelota" al gobierno
de Bush que de alguna forma, luego de los atentados a las
Torres, intenta adjudicarse el término "patriótico"
y con una maestría lóbrega, repensar esa palabra
como un sinónimo del Partido Republicano. De alguna
forma esta convención demócrata intenta reapropiarse
o simplemente despolitizar ciertos símbolos como la
bandera o la figura de Dios. No por eso extrañó
que todo el discurso presidencial de Kerry y Edwards tuviera
un tono demasiado patriótico para el paladar liberal
de muchos demócratas. La estrategia política
era sentarse firmemente en el centro, y desde ahí mostrar
una figura sólida, fuerte, pero al mismo tiempo solidaria
y hasta benévola. ¿Cuáles son entonces
las agendas que se pueden esperar de un gobierno de Kerry
y Edwards? Por un lado no proponen alejarse del discurso militarista.
Al contrario, Kerry plantea inclusive tecnologizar más
el ejército y hasta expandirlo si es necesario. La
gran diferencia con Bush es que quiere hacer del ejército
una legión de soldados que estén al servicio
de la seguridad nacional y el bienestar de sus aliados; una
fuerte patada a lo que se ve hoy en día como un ejército
al servicio de intereses económicos o cruzadas religiosas
como la actual en Irak.
Esto lleva
a que Kerry presente un discurso político muy cercano
al de tiempos de la guerra fría. La idea de crear un
ejército norteamericano al servicio de las democracias
del oeste, a muchos le recuerda los tiempos de la lucha en
contra del "imperio del mal", para usar palabras
de Ronald Regan. Poco importa si luego de un mínimo
análisis, la vuelta a un contexto de la guerra fría
resulte un disparate total. Lo importante que en la lógica
del votante medio, este tipo de universo tiene sentido y de
alguna forma lo lleva en una suerte de nostalgia a tiempos
en los cuales América se veía fuerte y exitosa
frente a un bloque comunista que se derrumbaba vertiginosamente.
Hasta tal punto es evidente este discurso entre líneas
que en un momento, Kerry llegó a mencionar los días
que vivió en Europa con su familia, más precisamente
en Alemania del Oeste, en tiempos en los que su padre era
parte del ejército norteamericano presente en Europa.
La gran
diferencia que marca esta posible administración demócrata
con la actual y republicana de Bush, es en el campo económico
y de las relaciones internacionales. En lo económico,
Kerry arremete con planes de salud universal, educación
y ayuda a la clase media y baja, de neto toque liberal. Promete
ayuda en la prescripción medica a jubilados, y propone
el fortalecimiento de los sistemas de asistencia social, con
una inversión estatal en lo local, y no en el extranjero
como estamos viendo en la reconstrucción de Irak. Un
incentivo, por ejemplo, en la producción de empleos,
estaría acompañado de punitorios a aquellas
empresas que muden sus trabajos a países extranjeros;
evidentemente proteccionista en este campo y a tener en cuenta.
En las relaciones internacionales se propone una vuelta a
alianzas "sin papeles" al mejor estilo guerra fría.
Es decir, de las Naciones Unidas ni se habló ni parece
que se va a hablar por mucho tiempo. La línea del discurso
imperial, en este campo, se podría decir que hasta
se moderó. El lema sería: los Estados Unidos
es la superpotencia del planeta, estamos aquí para
vivir en armonía con las otras naciones y "guiarlas"
en el camino de la libertad. Esto, por más ulcerante
que se lea, es una gran diferencia con la ya pública
postura de Bush: América gobierna y los que no están
con nosotros están en contra de nosotros.
A grandes
rasgos para nosotros los argentinos no sería tan mala
noticia recibir el anuncio del triunfo de Kerry en las próximas
elecciones. En lo económico no habría grandes
cambios. Los Estados Unidos no se empecinaría en esa
expansión neoliberal hacia el sur, intentando instaurar
un ALCA inaplicable. Quizás a corto plazo será
una mala noticia para países como Chile o México
que están a la expectativa de los movimientos económicos
del titán financiero del norte. Pero a largo plazo
reubicará todo en el campo de la competencia y la producción.
Lo que sí cambiará drásticamente es la
dinámica en las alianzas de palabra que se irá
posicionando en la nueva política global. La alianza
estratégica con Brasil es fundamental en este contexto,
tanto para la Argentina como para nuestro vecino sudamericano.
Brasil solo, en el nuevo mundo que se aproxima, no es gran
cosa. Brasil con la Argentina a su lado, cambia un poco el
panorama. El énfasis que Kerry le quiere dar al país
está enfatizado en lo productivo, y no en el mercado.
Esto inyectará un cambio en la economía internacional
y en el nuevo barajar de cartas, habría que ver que
le toca al pequeño pero significativo bloque sudamericano.
Claro, siempre y cuando gane Kerry en diciembre.