Desde Marte a la España
medieval.
Por Fabián Banga (01-29-04)
Los primeros días de este
año nos recibieron con imágenes en vivo y en directo
de lejanas latitudes; Martes, planeta rojo que resultó ser
no tan rojo. Más bien amarillento, pardo y cargado de piedras.
Uno podría decir que las fotos producen una mezcla de curiosidad
y desilusión. ¿Desde tan lejos llegaban esas fotos? Increíble.
Era como estar ahí casi tocando ese mundo desconocido y nuevo
que resultó ser no tan distinto. Hasta la sonda espacial enviada
por los europeos reconoció regiones en los polos que tienen
hielo. Hielo. Como el de la heladera que está aquí tan
cerca, tan comúnmente accesible. Hielo y por lo tanto agua,
elemento que plantea la posibilidad de vida en la vecina esfera. Pero
de todas formas, material conocido, predecible. Nada nuevo. ¿No había
lugareños recibiendo la cámara, curiosos y desconfiados
frente a la súbita presencia? No, eso era en Irak el año
pasado, que para ser honestos, para muchos aquí es región
tan desconocida como Marte. Vida en Marte. Vida y quizás esa
vida es microbio. Un microbio extraterreno, de otra parte, foráneo.
No como el elemento inteligente y peligroso que encuentran los personajes
de la película "Especies II". Un simple microbio. No por esto
menos fascinante. El descubrimiento de un elemento tan limitado como
nosotros, puede llegar a ser tan deprimente como imaginar que estamos
solos en semejante universo.
Me intuye que el 2004 es el comienzo
de un siglo cargado de búsquedas, de descubrimientos que terminarán
de cambiar la realidad que nos rodea de una forma inimaginable. Hace
tan solo unos años nadie se acordaba ni de la Luna. De repente
no sólo hacemos pie virtual en Marte, sino que Saturno llega
en un futuro cercano. Y después quién sabe. Pero muchas
otras cosas están pasando que lamentablemente, por las enormes
necesidades primarias de miles y miles de habitante en este mundo,
están pasando desapercibidas. Por ejemplo, la nueva traducción
completa al ingles por Daniel Matt del Zohar. El libro de la Cabala,
o más precisamente, "El Libro del Resplandor". El Zohar es
una obra enorme escrita en arameo en la medieval España. Se
cree que la escribió Rabbi Moses de León en el siglo
XIII. No se sabe bien si él escribió todo el trabajo,
parte del trabajo o lo copió de un antiguo manuscritos. Lo
que sí no queda duda es que representa uno de los tesoros más
importantes de la espiritualidad occidental. Sólo se han traducido
pequeñas partes de este antiguo texto. Pero ahora, el profesor
Matt con la ayuda de muchos colaboradores de todo el mundo se ha embarcado
en una empresa de 10 años para traducir los antiguos manuscritos
completos y producir una obra que tenga no solamente la traducción
sino una gran cantidad de notas a pie de página que ayudan
al lector a entender tan complejo libro. Ya de todo el trabajo hay
disponibles dos tomos de 500 páginas cada uno. Faltan por lo
menos 8 más. Con diferentes características, el proyecto
es similar a viajar al espacio para buscar conocimientos nuevos, nuevos
horizontes que nos ayuden a entender quiénes somos y de dónde
venimos. El viaje no es en el espacio, sino en el tiempo, hacia el
pasado. Pero entre los dos proyectos hay una interesante diferencia
en la dinámica de trabajo. En el caso del trabajo de Matt hay
traductores y estudiosos de todo el mundo trabajando juntos. En el
proyecto Marte, hay dos grupos bien diferenciados que a modo de tiempos
de la guerra fría, trabajan por separado. A Marte lo están
visitando dos proyectos distintos: el Marts Express, y el Spirit;
el primero europeo, el segundo norteamericano.
Pero hay un triste, conocido
y viejo dilema que continúa presente en estos tiempos de descubrimientos
y nuevos horizontes: ¿quiénes cuentan con los recursos o el
conocimiento para acceder a éstos capitales? Sin entrar en
complejos detalles, la nueva traducción del Zohar de Matt,
editada por Stanford, cuesta 35 dólares por tomo y está
escrita en ingles. ¿Cuántos de nuestros académicos
en la Argentina cuentan con primero la posibilidad de leer, conseguir
o enterarse de la existencia de estos libros y luego pagar entre 30
y 100 dólares por semana, en la adquisición de estos
materiales, para estar al tanto de los últimos adelantos en
su campo? ¿Cómo un biólogo, un astrónomo argentino
va a competir con infraestructuras como la americana que invierte
miles de millones de dólares en proyectos científicos
como el Spirit, (investigación pagada por el estado) sabiendo
que un profesor en la UBA escasamente llega a ganar 800 pesos? Un
profesor titular en las Estados Unidos gana entre 50 y 90 mil dólares
al año y tiene a su alcance tecnología e información,
que en la mayoría de los casos es imposible de encontrar en
nuestras casas de estudios en la Argentina. Los norteamericanos como
los europeos han llegado a entender que una sociedad tiene que invertir
agresivamente en la investigación y en la educación.
Esta inversión llega activamente desde el espacio privado y
el espacio gubernamental. Y da sus frutos. El internet, una de las
tecnologías más poderosas y rentables de estos tiempos,
fue desarrollada (entre otras partes) en universidades públicas
como la Universidad de California. Estos son los ejemplos que nuestros
gobernantes tendrían que copiar. De lo contrario estamos condenados
como región a ser eternos espectadores y productores de profesionales
emigrantes.