El "Matrix"
criollo
Por Fabián Banga. (17-05-03)
Se esperaba
con animosa expectativa en Estados Unidos la inauguración de la segunda
parte de la trilogía "The Matrix" ("reloaded") que apareció
en los cines el pasado 15 de mayo. Prácticamente todas las revistas
les dedicaron tapas, artículos extensos y hasta espacios en sus webistes.
Algunos critican la nueva película duramente al considerar que pierde
ese mensaje filosófico que tenía en su primera parte. El debate de la
crisis individual frente un universo virtual creado por un enorme network
pasa desapercibido en la segunda parte. La primera película fue un éxito
absoluto y su furor se extendió a diferentes espacios que llegaron hasta
influenciar a la academia, retomando el debate de "qué es realidad y
que es ilusión". Un extenso artículo titulado "Lo Irreal" apareció en
la revista The New Yorker en el que su autor, Adam Gopnik, hace un sutil
análisis del film y su relación con una problemática filosófica que
va más allá de la película y que es el tema del individuo y su posibilidad
de comunicarse en esta realidad posmoderna que lo rodea. Algo que también
es significativo es que Gopnik hace referencia no solamente a libros
y filósofos que están directa o indirectamente relacionados con esta
problemática, sino que recuerda el tema de una secta herética medieval
europea que por sus creencias pareciera haber influenciado directamente
el prólogo de la película: la secta de los "Cathars" o "Albigensians".
El Catharismo
fue una secta gnóstica (y por consiguiente considerada herética) que
se originó alrededor del siglo XII y que se ubicó geográficamente en
el sur de Francia. La ideología que esta secta cristiana tenía estaba
íntimamente influenciada por ideas del éste de Europa. Poco se sabe
de su doctrina ya que se han perdido prácticamente todos los documentos
que podrían explicarnos en detalle sus ideas. Lo que sí se tiene claro
era que se oponían directamente a la jerarquía eclesiástica propuesta
por Roma y denunciaban constantemente la corrupción presente en la Iglesia.
Los Cathars en concordancia con el Gnosticismo y el Neoplatonismo creían
que el mundo era una ilusión y que éste no fue creado por un Dios bueno,
sino por el contrario por uno malo. Los Gnósticos llamaban a esta deidad
mala "Demiurge", los Cathars por su relación con el cristianismo lo
llamaban "Satán". La influencia de estas ideas continúa inclusive hoy
en día. La palabra "Demiurge" está muy cerca de la palabra "Demiurgo"
que es sinónimo de "Dios" y "Alma". Otra distinción de los Cathars era
que creían en la reencarnación, otro punto considerado herético por
la Iglesia Católica. Para los Cathars, Cristo era el Mesías y gran salvador
que había llegado a este mundo a dar un mensaje de esperanza y mostrar
el camino que trascendía esta ilusión que se presenta frente a nuestros
ojos (1). Para Gopnik y para otros analistas, Neo, el personaje central
y héroe de la película "The Matrix", se asemeja mucho a esta idea del
Cristo de los Cathars que baja a la tierra a correr el velo de la ilusión
y mostrarnos el camino de la libertad.
Indudablemente
que un universo entendido desde la filosofía cathártica, no es muy cercano
a un paraíso que digamos. Esta filosofía nos presenta una realidad adversa
y desoladora que va en contra de lo que nuestros ojos nos muestran como
objetivamente real. Seguramente para la filosofía cathártica era difícil
competir con una propuesta realista que acentúe la "objetivad" en la
percepción. "Todo lo que tienes frente a tus narices es falso", premisa
que indudablemente produce cierto dolor al narcisismo realista que fuimos
construyendo con años de percepción. Sería válido también pensar que
este dolor que atenta contra el "narcisismo perceptivo" se lo trata
de evitar no sólo en el plano de los individuos, sino también en el
plano de las sociedades y países. Por ejemplo, toda la década de los
noventas tuvo a la Argentina inmersa en una ilusión de primer mundo
que era inexistente. Porque el primer mundo no existe. Hoy en día tenemos
fugaces focos de prosperidad, pero no primer mundo. ¿Podríamos llamar
primer mundo a una sociedad como la norteamericana que se ve obligada
hacer recortes en los campos de la educación y la salud, con una magnitud
que sería impensable en países como la Argentina? ¿Una sociedad con
gente viviendo en la calle y/o que tiene como ideal comprar una camioneta
4x4 que no sólo perjudica la naturaleza sino que consume como lima nueva
enormes cantidades de gasolina? ¿Podríamos llamar primer mundo a una
sociedad como la europea, que con algunas diferencias comparte la realidad
de un mercado que a manotazos intenta debatirse entre los campos del
rédito y de un resultado sustentable? ¿Qué entendemos por primer mundo?
¿Puede el FMI mostrarnos el camino al primer mundo, concibiendo que
todas sus predicciones sobre el futuro argentino fracasaron?
Permítaseme
proponer una simple idea: el primer mundo es un espacio ideal que está
regido por una regla primordial: el progreso de todos los individuos
de una sociedad. De lo contrario la inestabilidad presente en el progreso
de unos pocos y el sufrir de unos muchos otros, produce una inestabilidad
inevitable. El primer mundo es un espacio concreto, no una ilusión generada
en los medios de comunicación; es un espacio con consenso y sustentabilidad.
Las políticas neoliberales tan en boga en los 90, plantearon esta idea
primer mundista desde el espacio de la ilusión, desde una idea que se
proyectaba desde la objetividad no concreta sino teórica; es decir,
lo que se propone como real y no lo que es palpable. De ahí que resultara
ridículo ver la euforia de los mercados en conjunción con el gran grado
de desempleo y pobreza que reinaba en aquellos tiempos. Pero el velo
ilusivo terminó por caerse y el desastre inauguró el nuevo milenio.
Por esta realidad implícita, lo se debatió la última semana en la Argentina
no fue si un candidato dantesco enmarañado en técnicas apócrifas se
bajaba o no se bajaba; lo que se debatió fue si nosotros estamos dispuestos
a torcer la proyección histórica generada en los noventas, y producir
nuevos lideres que están al servicio de los individuos y se justifican
en esta relación, y no en su propia identidad acaparadora y centro del
poder mediático.
(1) Tomado
de:
http://www.wikipedia.org/,
Wikipedia, the free encyclopedia.
Le Roy
Ladurie, Emmanuel. Montaillou, village occitan de 1294 à 1324. English.
Montaillou : the promised land of error; translated by Barbara Bray.
1st ed. New York: G. Braziller, 1978
Stoyanov,
Yuri, 1961-. The other God : dualist religions from antiquity to the
Cathar heresy. New Haven: Yale Univeristy Press, 2000