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Las
múltiples funciones y beneficios de la agricultura campesina
En el contexto de las negociaciones del comercio mundial
Por:
Peter M. Rosset, Ph.D.
Septiembre 1999
Peter
M. Rosset, Ph.D.
Director Ejecutivo
Food First/The Institute for Food and Development Policy
Oakland, CA USA
Este
Policy Brief fue preparado para "Cultivando nuestro futuro," la Conferencia
FAO/Holanda sobre el carácter multifuncional de la agricultura
y la tierra, septiembre 12-17, 1999, Maastricht, Holanda.
Co-publicado
por: Transnational Institute
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Resumen
En este
Policy Brief desafío la creencia convencional de que las
pequeñas fincas son retrasadas e improductivas. A partir de la
evidencia de países del sur y el norte, he demostrado que las
fincas familiares son "multifuncionales"-más productivas,
eficientes y que contribuyen más económicamente al desarrollo
que las fincas grandes. Los pequeños agricultores pueden además
administrar mejor los recursos naturales, conservando la biodiversidad
y salvaguardando un futuro sostenible para la producción agrícola.
El continuo
proceso de liberalización del mercado -que avanza aún
más ahora en las negociaciones para el Acuerdo en Agricultura
(AeA) de la Organización Mundial del Comercio (OMC)- ha tenido
ya dramáticos efectos sobre los campesinos de todo el mundo.
Los AeA tienen la posibilidad de reducir drásticamente la viabilidad
remanente de la producción de las pequeñas fincas, con
consecuencias potencialmente devastadoras para las economías
rurales y el medioambiente mundial. Concluyo con un llamado a reconocer
el verdadero papel multifuncional y el valor de los pequeños
productores y a unirse en oposición al AeA que pudiera imposibilitar
su supervivencia.
Introducción
Durante
más de un siglo la corriente dominante de los economistas tanto
de países socialistas como capitalistas, han pronosticado entusiasta
y confidencialmente la desaparición de las pequeñas fincas
familiares. Las pequeñas fincas han sido una y otra vez catalogadas
como atrasadas, improductivas e ineficientes -un obstáculo a
ser superado en el proceso de desarrollo económico. El modelo
agrícola americano a gran escala, mecanizado y corporativo se
mantiene como la mejor forma, y en ocasiones la única, de alimentar
eficientemente a la población mundial. La creencia convencional
ha deparado a los pequeños productores -o campesinos- exactamente
la misma suerte que a los dinosaurios.
En este
Policy Brief desafío la creencia convencional acerca de
las pequeñas fincas y aseguro que son "multifuncionales"
-más productivas, eficientes y que contribuyen más al
desarrollo económico que las fincas a gran escala--. Argumento
que los pequeños agricultores administran mejor los recursos
naturales, conservan la biodiversidad y salvaguardan la sostenibilidad
de la producción. Las evidencias que presento provienen tanto
del Tercer Mundo como de países industrializados como los Estados
Unidos.
El proceso
continuo de liberalización del comercio agrícola internacional
-que actualmente está desarrollándose aún más
con las negociaciones de la Ronda del Milenio, de la Organización
Mundial del Comercio (OMC)- es ampliamente reconocido por tener dramáticos
y negativos efectos en los pequeños productores de los países
del norte y el sur. Esto pone el asunto de la agricultura a pequeña
escala -denominada La Cuestión Agraria por el renombrado
científico social Karl Kautsky a inicios de este siglo- en el
justo lugar de la agenda para debatir al final del milenio. Si vale
la pena preservar las pequeñas fincas --si realmente un modelo
de desarrollo rural basado en pequeñas fincas tiene más
sentido que el modelo a gran escala, mecanizado, con utilización
intensiva de químicos, dominado por corporaciones y socialmente
excluyente hacia el cual los negocios nos conducen inevitablemente-
entonces este es el momento de actuar.
En primer
lugar, mientras que los pequeños agricultores han sido expulsados
del campo norteamericano por millones, y hemos percibido una migración
del campo a la ciudad similar, aunque en menor escala, en el Tercer
Mundo; lo cierto es que las familias campesinas aún persisten
en los Estados Unidos y continúan siendo numéricamente
dominantes. En el Tercer Mundo son el eje central para la producción
de los alimentos de primera necesidad. La predicción de su desaparición
continúa siendo prematura a pesar de que han disminuido substancialmente
en cantidad y enfrentan nuevos retos a su subsistencia en una escala
sin precedentes.
En segundo
lugar, las pequeñas fincas están lejos de ser tan improductivas
e ineficientes como nos han hecho creer. Los campesinos se han aferrado
tenazmente a la tierra a pesar de un siglo de severas políticas
que han reducido su viabilidad económica.
En tercer
lugar, las pequeñas fincas tienen múltiples funciones
que benefician tanto a la sociedad como a la biosfera y contribuyen
mucho más que una sola producción en particular -aunque
existen muchas evidencias de que el modelo a pequeña escala de
desarrollo agrícola podría producir mucho más alimento
que el que jamás haya logrado un modelo de finca a gran escala--.
Estas múltiples y beneficiosas funciones deben ser evaluadas
y consideradas seriamente antes de aceptar a la ligera otra ronda de
medidas en contra de las pequeñas fincas -esta vez a nivel de
economía global--. Todo ello está relacionado con los
dos últimos aspectos tratados: los beneficios de las pequeñas
fincas, a lo cual dedico la mayor parte de este articulos.
Como conclusión
de este Policy Brief destaco el severo tratamiento dado a las
pequeñas fincas en las negociaciones de la OMC para un Acuerdo
en Agricultura (AeA). Varios países, alentados por Estados Unidos,
hacen campañas para lograr el libre comercio de los productos
agrícolas. Más adelante demuestro como esto puede conducir
a la destrucción de las pequeñas fincas y a fuertes daños
sobre los ambientes rurales a nivel mundial.
Concluyo
emitiendo un llamado en torno al concepto de la multifuncionalidad de
las pequeñas fincas, tanto para la sociedad como para la biosfera.
Reconociendo el importante papel que juegan las pequeñas fincas,
tenemos la oportunidad de detener y revertir las políticas del
comercio que reducen su viabilidad.
Ventajas
de las pequeñas fincas en los Estados Unidos
No estoy
solo cuando hablo de los valores de las pequeñas fincas y hago
un llamado para cambiar las políticas y sacar provecho de su
potencial dinamismo. En 1998 la Comisión Nacional de Pequeñas
Fincas del Departamento de Agricultura de los Estado Unidos (USDA) emitió
un reporte titulado Tiempo de actuar. Lo que el USDA llamó
el valor público de las pequeñas fincas incluye:
- Diversidad:
Las pequeñas fincas abarcan una diversidad de formas de propiedad,
de sistemas de cultivos, paisajes, organización biológica,
cultura y tradiciones. Una variada estructura de la finca contribuye
a la biodiversidad, a un paisaje diverso y estéticamente agradable
y a un espacio abierto.
- Beneficios
medioambientales: La administración responsable de los
recursos naturales del suelo, el agua, la flora y la fauna del 60%
de todas las fincas norteamericanas menores de 180, acres produce
significativos beneficios ambientales para la sociedad. Las inversiones
para la viabilidad de estas operaciones producirán dividendos
para la administración de los recursos naturales de la nación.
- Otorgamiento
de poder y responsabilidad comunitaria: La propiedad descentralizada
de la tierra produce oportunidades más equitativas para la
población de áreas rurales, así como mayor capital
social. Esto puede otorgar un mayor sentido de responsabilidad personal
y un sentimiento de control sobre la propia vida, características
que no resulta fácil encontrar en los trabajadores de líneas
de producción en serie. Los propietarios de tierra que dependen
de los negocios y servicios locales para satisfacer sus necesidades
son más propensos a interesarse en el bienestar de la comunidad
y de sus ciudadanos. Por otra parte, los propietarios de tierra locales
son más propensos a responsabilizarse por cualquier acción
negativa que perjudique a la comunidad.
- Sitios
para familias: Las fincas familiares pueden ser lugares donde
los niños crezcan y adquieran valores. Las habilidades para
hacer producir la tierra pasan de generación en generación
bajo las estructuras de propiedad familiar. Si los hijos de los agricultores
no dan continuidad a esto, las habilidades, experiencias y conocimientos
agrícolas se pierden.
- Relación
personal con los alimentos: La mayoría de los consumidores
tienen una escasa relación con la agricultura y la producción
de alimentos. Debido a esto, tienen poco contacto con la naturaleza
y no reconocen a la agricultura como el cultivo de la tierra para
la producción de los alimentos que nos sostienen. A través
de los mercados agrícolas, la agricultura apoyada por la comunidad
y las estrategias de marketing directo de los pequeños agricultores,
los consumidores están empezando a relacionarse con la gente
que cultiva sus alimentos y con los alimentos en sí como resultado
de la cooperación de los agricultores con la naturaleza.
- Fundaciones
económicas: En varios estados y regiones de los Estados
Unidos, las pequeñas fincas son vitales para la economía.
La Comisión
de Pequeñas Fincas del USDA concluye con un fuerte llamado a
cambiar las políticas que por mucho tiempo han favorecido a las
fincas grandes y de estilo corporativo con horribles costos para las
comunidades rurales y el medio ambiente.
Virtudes
de las pequeñas fincas en el Tercer Mundo
Un patrón
similar prevalece en el Tercer Mundo, donde las políticas que
promueven la agricultura de exportación basada en grandes fincas,
corrompen cada vez más la viabilidad de las pequeñas fincas,
a pesar de los múltiples beneficios que ofrece la producción
de alimentos a pequeña escala.
En las
comunidades agrícolas tradicionales, la finca familiar es fundamental
para el mantenimiento de la comunidad y la sostenibilidad de la producción
agrícola. En la pequeña finca, las labores productivas,
la movilización de fuerza de trabajo, los patrones de consumo,
el conocimiento ecológico y el interés común en
el mantenimiento a largo plazo de la finca como un recurso, contribuyen
a una economía estable y duradera y a una empresa basada en la
familia. La calidad del trabajo, la administración, el conocimiento
y las relaciones están entrelazados y se refuerzan mutuamente.
Las ganancias a corto plazo con el riesgo de degradar los recursos esenciales,
no solo provocan sanciones comunitarias sino que además ponen
a la familia y a la finca en peligro de colapso. Las familias agrícolas
alcanzan con regularidad producciones mayores y más dependientes
de su tierra que las grandes fincas operando en similares condiciones.
Las prácticas de laboreo intensivo como el abonado, el laboreo
mínimo, el terraceo, el compostado de materia orgánica
y el reciclaje de los subproductos del proceso productivo; incrementan
la fertilidad y la conservación del suelo (Netting, 1993).
La durabilidad
de las pequeñas fincas está clara dentro de su ubicación
histórica y espacial: las pequeñas fincas existen en todos
los ambientes, en todos los contextos políticos y económicos,
en todos los períodos históricos desde los últimos
5 000 años, y en cada área cultural conocida donde los
cultivos puedan crecer. Los pequeños agricultores han desarrollado
y utilizado una variedad de tecnologías, cultivos y sistemas
agrícolas. Tal vez lo más importante sea que en una era
de franca disminución de los recursos no renovables, los pequeños
agricultores a menudo produzcan recurriendo de forma mínima a
los caros insumos externos (Netting, 1993).
Debemos
evaluar las múltiples funciones de las fincas en el Tercer Mundo
si queremos alcanzar una agricultura sostenible, según la Organización
para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas
(1999):
Para
enfrentar los retos actuales de la agricultura, necesitamos enmarcar
la agricultura y la tierra en un contexto más amplio integrado
por múltiples funciones (económica, de producción
de alimentos, de administración de la naturaleza y la tierra,
de empleos, etc.). El uso de la tierra y la agricultura sostenible
no son solo un medio para obtener más alimentos e ingresos
con métodos socialmente aceptables que no degradan el medio
ambiente. Más bien surten un impacto que abarca las comunidades,
el medio ambiente y los consumidores. Debemos lograr consenso y
un entendimiento común en cuanto al uso sostenible de la
tierra, como una oportunidad para mejorar la calidad del medio ambiente
incluyendo sus componentes físicos (incremento de la fertilidad
del suelo, mejor calidad del aire y el agua), biológicos
(plantas, animales y poblaciones humanas más saludables y
diversas), y sociales, económicos e institucionales (mayor
igualdad social, cohesión, paz/estabilidad, bienestar)...
La tierra no es tan solo un recurso para ser explotado, sino un
medio eficaz para lograr mejores ambientes desde el punto de vista
socioeconómico, biológico y físico. Concretamente,
prestando atención a las múltiples funciones del uso
de la agricultura y de la tierra, todas las funciones económicas,
sociales y medioambientales de la agricultura a diferentes niveles,
se reconocen y son incluidas en la toma de decisiones para la promoción
de sinergias entre estas funciones y para reconciliar diferentes
objetivos de todos los interesados
Las fincas
pequeñas juegan múltiples funciones vitales en la economía
rural, las culturas y los ecosistemas del mundo. En las siguientes secciones,
resumo algunos de las evidencias de este reclamo.
Productividad
de las pequeñas fincas
¿Cuántas
veces no hemos oído que las grandes fincas son más productivas
que las pequeñas? ¿O que son más eficientes? ¿Y
que necesitamos fusionar las pequeñas propiedades para sacar
ventaja de esa mayor productividad y eficiencia? Los datos actuales
muestran exactamente lo contrario en cuanto a productividad: las fincas
pequeñas producen más por unidad de área que las
mayores. Parte del problema estriba en el confuso lenguaje usado para
comparar el rendimiento de tamaños de fincas distintos. Mientras
usemos la cosecha obtenida como medida de productividad, estaremos otorgando
una injusta ventaja a las grandes fincas.
Productividad
total contra rendimiento
Si fuéramos
a evaluar con justeza la productividad relativa de las pequeñas
y grandes fincas, debemos desechar el rendimiento como instrumento de
medición. Rendimiento significa la producción por unidad
de área de cualquier cultivo, como "toneladas métricas
de maíz por hectárea". Podemos obtener el mayor rendimiento
de un cultivo determinado sembrándolo solo en un campo -en un
monocultivo-. Pero mientras el monocultivo permite un rendimiento alto
para un solo cultivo, este no reporta ningún otro uso para el
agricultor. El suelo que permanece desnudo entre las filas de cultivos
-"nicho" en términos ecológicos- invita a la
infestación de malas hierbas. La presencia de malas hierbas hace
que el agricultor invierta fuerza trabajo en el desyerbe o dinero en
herbicidas.
Los grandes
agricultores tienden a plantar un solo cultivo porque son los más
sencillos de manejar con la maquinaria pesada. Por otra parte, los pequeños
agricultores, especialmente en el Tercer Mundo, son más propensos
a sembrar cultivos intercalados -policultivos- donde los espacios vacíos,
que de otra forma producirían malas hierbas, son ocupados por
otros cultivos. Además, tienden a combinar o rotar los cultivos
y el ganado, sirviéndose del estiércol para reponer la
fertilidad del suelo.
Estos sistemas
de cultivos integrados producen mucho más por unidad de área
que los monocultivos. Mientras que el rendimiento por unidad de área
de un solo cultivo -maíz, por ejemplo- puede ser más bajo
en una finca pequeña que en un gran monocultivo, la producción
total por unidad de área, frecuentemente compuesta por más
de una docena de cultivos y varios productos animales, puede ser considerablemente
más alto. Por lo tanto, si vamos comparar las fincas pequeñas
con las grandes debemos usar producción total en lugar de rendimiento.
La producción total es la suma de todo lo que un pequeño
agricultor produce: diversos granos, frutas, vegetales, forrajes, productos
animales, etc. Mientras que el rendimiento siempre afecta los resultados
a favor de las grandes fincas, la producción total nos permite
ver la ventaja total en cuanto a productividad de las pequeñas
fincas.
Analizando
los datos encontramos que, de hecho, las fincas pequeñas casi
siempre producen mayor cantidad de productos agrícolas por unidad
de área que las más grandes. Esto se comporta así
ya sea si se trata de un país industrializado como los Estados
Unidos o cualquier otro país del Tercer Mundo. Lo anterior es
ampliamente reconocido hoy en día por economistas agrícolas
de todo el espectro político como la "relación inversa
entre el tamaño de la finca y la producción" (Barret,
1993; Ellis, 1993; Tomich et al., 1995; Berry y Cline, 1979; Feder,
1985; Prosterman y Riedinger, 1987; Cornia, 1985; por solo mencionar
algunos). Incluso, los economistas que guían las políticas
de desarrollo del Banco Mundial han arribado a esta opinión,
al punto que ahora aceptan que la redistribución de la tierra
a los pequeños agricultores conduciría a una mayor productividad
total (Deininger, 1999; Binswanger et al., 1995), una conclusión
a la que arribaron otros desde hace tiempo (ver Sobhan, 1993; Lappé
et al., 1998). La Tabla 1 muestra la relación entre el tamaño
de la finca y la producción por acre en los Estados Unidos. Las
fincas más pequeñas, aquellas de 27 acres o menos, tienen
una producción en dólares más de 10 veces mayor
que las fincas más grandes. Mientras que esto se debe en gran
medida al hecho de que las pequeñas fincas tienden a especializarse
en cultivos de elevado valor como es el caso de los vegetales y las
flores, refleja además la aplicación de relativamente
más fuerza de trabajo e insumos por unidad de área y el
uso de sistemas agrícolas más diversos (Strange, 1988).
Tabla 1: Tamaño de la
finca vs. producción en los Estados Unidos, 1992
|
Tamaño
medio de la finca (Acres)
|
Producción
bruta promedio ($/Acre)
|
Producción
neta promedio
($/Acre)
|
|
4
|
7424
|
1400
|
|
27
|
1050
|
139
|
|
58
|
552
|
82
|
|
82
|
396
|
60
|
|
116
|
322
|
53
|
|
158
|
299
|
55
|
|
198
|
269
|
53
|
|
238
|
274
|
56
|
|
359
|
270
|
54
|
|
694
|
249
|
51
|
|
1364
|
191
|
39
|
|
6709
|
63
|
12
|
Fuente: U.S. Agricultural Census,
vol. 1, part 51, pp. 89-96, 1992.
La Figura
1 muestra de forma gráfica la relación que existe entre
el tamaño de la finca y la producción total de 15 países
del Tercer Mundo. En todos los casos las fincas de tamaño relativamente
más pequeño son mucho más productivas por unidad
de área-de 2 a 10 veces más productivas-que las mayores.
Se observan dos formas generales de esta relación, como se muestra
en la Figura 2. La curva 1 se encuentra en los países donde la
menor categoría de tamaño de finca reportada es la más
productiva por unidad de área. La curva 2 se puede apreciar en
los casos donde la categoría de tamaño de finca más
productiva, a pesar de no ser la más pequeña, es aún
relativamente pequeña. Todos los países con información
disponible pueden ubicarse dentro de uno de estos dos tipos. Los datos
presentados en la Tabla 1, pertenecientes a los Estados Unidos, se ajustan
claramente al tipo 1.
Existen
muchas explicaciones que justifican la mayor productividad de las pequeñas
fincas en el Tercer Mundo (Netting, 1993; Lappé et al., 1998).
Algunas de ellas son:
- Cultivos
múltiples: Como se explicó anteriormente, mientras
que los grandes agricultores utilizan por lo general el monocultivo
y uno o al máximo dos ciclos de cultivos por año, los
pequeños agricultores se inclinan más a intercalar varios
cultivos en el mismo campo; sembrar múltiples veces en el año;
e integrar
|
cultivos,
ganado e incluso acuicul-tura, haciendo un uso mucho más
intensivo del espacio y del tiempo.
Intensidad de utilización
de la tierra: Los grandes agricultores y propietarios de tierras
tienden a dejar buena parte de sus tierras baldías, en
tanto los pequeños por lo general utilizan completamente
su parcela.
Composición de
la producción: Las grandes fincas están orientadas
a las empresas extensivas, como el pastoreo de ganado o extensos
monocultivos de granos, mientras que los pequeños productores
hacen énfasis en la fuerza de trabajo y en el uso intensivo
de los recursos y la tierra. Como en el caso de los Estados Unidos,
las grandes fincas pueden producir cultivos con menor valor que
el de las pequeñas.
Irrigación:
Los pequeños produc-tores pueden hacer un uso más
eficiente de la irrigación.
Calidad de la fuerza de
trabajo: Mientras que las fincas pequeñas utilizan
por lo general a los propios miembros de la familia para trabajar
la tierra -los cuales están perso-nalmente comprometidos
con su éxito-, las grandes fincas utilizan fuerza de trabajo
contratada y relativamente alienada.
tierra: Los grandes
agricultores y propietarios de tierras tienden a dejar buena parte
de sus tierras baldías, en tanto los pequeños por
lo general utilizan completamente su parcela.
Composición de
la producción: Las grandes fincas están orientadas
a las empresas extensivas, como el pastoreo de ganado o extensos
monocultivos de granos, mientras que los pequeños productores
hacen énfasis en la fuerza de trabajo y en el uso intensivo
de los recursos y la tierra. Como en el caso de los Estados Unidos,
las grandes fincas pueden producir cultivos con menor valor que
el de las pequeñas.
Irrigación:
Los pequeños produc-tores pueden hacer un uso más
eficiente de la irrigación.
Calidad de la fuerza de
trabajo: Mientras que las fincas pequeñas utilizan
por lo general a los propios miembros de la familia para trabajar
la tierra -los cuales están perso-nalmente comprometidos
con su éxito-, las grandes fincas utilizan fuerza de trabajo
contratada y relativamente alienada.
f. Intensidad
de la fuerza de trabajo: Las pequeñas fincas aplican
mucha más fuerza de
|

Tamaño
de la finca (há)
Figura
1. La relación entre el tamaño de la finca y la producción
total en diferentes países (según Cornia, 1985).
|
trabajo
por unidad de área que las mayores.
g.
Uso de insumos: Las pequeñas fincas usan a menudo
muchos más insumos por unidad de área que las más
grandes, aunque las prácticas propias de las pequeñas
fincas favorecen la disponibilidad de insumos que no es necesario
comprar como el estiércol y el compost, en tanto que las
grandes fincas tienden a usar insumos que por lo general son comprados,
como es el caso de los agroquímicos.
h.
Uso de recursos: Las fincas grandes están generalmente
menos comprometidas con el manejo de otros recursos -tales como
los recursos forestales y acuáticos- que se combinan con
el suelo para producir una mayor cantidad y mejor calidad de producción.
El compromiso
que cada miembro de la familia tiene con su finca y con la naturaleza
compleja e integrada de las pequeñas fincas es lo que garantiza
sus ventajas en términos de producción. Pretty (1997)
ha demostrado la productividad de tales sistemas en una amplia variedad
de entornos.

Figura
2. Formas típicas de la relación entre el tamaño
de la finca y la producción total. En el Tipo I las
fincas más pequeñas producen la mayor producción
total por unidad de área. En el Tipo II las fincas más
productivas no son las más pequeñas, sino las relativamente
pequeñas. Estos tipos ideales han sido abreviados de los
datos presentados gráficamente en la figura 1.
Eficiencia
de las fincas pequeñas
Mientras
que las fincas pequeñas son claramente más productivas
que las grandes en cuanto a producción por unidad de área,
a menudo se alega que las fincas grandes son aún más eficientes.
Para empezar, esto depende de la definición de eficiencia que
se elija. Las fincas pequeñas hacen un uso más eficiente
de la tierra. Las fincas grandes tienen generalmente una alta productividad
del trabajo dada por la mecanización, por lo que pueden ser consideradas
más eficientes en cuanto a utilización de la fuerza de
trabajo. La definición de eficiencia más ampliamente aceptada
por los economistas es la del "factor total de productividad",
que consiste en promediar la eficiencia del uso de los diferentes factores
involucrados en la producción, incluyendo la tierra, la fuerza
de trabajo, los insumos, el capital, etc. Tomich et al. (1993, p. 126)
proporciona datos de los años 60, 70 e inicios de los 80 que
muestran como las pequeñas fincas tienen un mayor factor total
de productividad que las fincas grandes en el África Sub-Sahariana,
Asia, México y Colombia. Las curvas muestran los mismos modelos
mostrados en la figura 2, Tipos I o II, que relacionan tamaño
de finca vs. producción. Más recientemente, los mismos
modelos han sido encontrados en Honduras (Gilligan, 1998).
En países
industrializados como los Estados Unidos el modelo es menos claro. La
opinión más generalizada probablemente sea que las fincas
muy pequeñas son ineficientes porque no pueden hacer una máxima
utilización del equipamiento costoso, mientras que las fincas
muy grandes son también ineficientes debido a los problemas inherentes
a la administración y la fuerza de trabajo que requieren las
grandes operaciones. De esta manera, es probable alcanzar la máxima
eficiencia en fincas medianas que cuentan con solo uno o dos obreros
contratados, dando a los Estados Unidos una curva de eficiencia como
la curva de productividad del Tipo II, pero con el punto máximo
más hacia las fincas medianas que hacia las pequeñas (Strange,
1988, pp. 80-81; ver también Madden, 1967). En un reciente y
detallado análisis del verdadero factor total de productividad,
corregido para un número parcial de los datos, el autor concluye
que las ventajas de las grandes fincas que han encontrado algunos analistas
"desaparecen, mientras que hay evidencias de economias de escala
negativas según se incrementa el tamaño de la finca"
(Peterson, 1997). En otras palabras, incluso en los Estados Unidos no
existe razón para creer que las fincas grandes son más
eficientes, y las muy grandes pueden ser, de hecho, sumamente ineficientes.
Pero hay mucho más acerca de la importancia económica
de las fincas pequeñas una vez que nos movemos fuera de los limites
de la finca y nos cuestionamos acerca del desarrollo económico.
Las
pequeñas fincas en el desarrollo económico
No hay
dudas de que los mayores rendimientos de granos no son la única
meta de la producción agrícola; los recursos de la finca
generan también riquezas para el mejoramiento general de la vida
rural -incluyendo mejoras en la vivienda, la educación, los servicios
de salud, el transporte, la diversificación de los negocios locales
y mayores oportunidades recreativas y culturales--.
Aquí
en los Estados Unidos esta pregunta se hizo hace más de medio
siglo: ¿qué significa el crecimiento de la agricultura industrial
a gran escala para los pueblos y comunidades rurales? El clásico
estudio del Valle de San Joaquín, California, que en los años
40 realizó Walter Goldschmidt, comparó áreas dominadas
por fincas grandes con las que aún estaban caracterizadas por
fincas familiares más pequeñas (ver Goldschmidt, 1978).
En comunidades
rurales dominadas por grandes fincas corporativas, los pueblos cercanos
perecieron. La mecanización implicó que menos población
local fuera empleada y la ausencia de propiedad dio lugar a que se extinguieran
las familias rurales. En esos pueblos de fincas corporativas, los ingresos
obtenidos de la agricultura se lavaban en las grandes ciudades para
apoyar empresas distantes; mientras que en los pueblos rodeados por
fincas familiares, los ingresos circulaban entre los establecimientos
de negocios locales, generando trabajo y prosperidad a la comunidad.
Donde las fincas familiares predominaban había más negocios
locales, calles pavimentadas y aceras, escuelas, parques, iglesias,
clubes y periódicos, mejores servicios, mayor empleo y más
participación cívica. Estudios realizados a partir del
trabajo original de Goldschmidt confirman que sus hallazgos tienen vigencia
actual (ver Fujimoto, 1977; MacCannell, 1988; Durrenberger and Thu,
1996).
Las comunidades
agrícolas de Amish y Mennonitas situadas hacia el este de los
Estados Unidos, muestran un fuerte contraste con la virtual devastación
descrita por Goldschmidt en las comunidades de fincas corporativas.
El condado de Lancaster, Pennsylvania, donde prevalecen los pequeños
agricultores que evaden mucha de la tecnología moderna e incluso
a menudo los créditos bancarios, es el condado agrícola
más productivo al este del Río Mississippi. Tiene ventas
anuales de productos agrícolas por $700 millones y recibe además
$250 millones provenientes de turistas que aprecian la belleza de los
paisajes de las pequeñas fincas agrícolas tradicionales
(D'Souza e Ikerd, 1996). Ludwig y Anderson (1992) argumentan que esas
comunidades Amish aportan un modelo norteamericano que ellos llaman
"desarrollo indígena", esencialmente con un énfasis
en construir una fuerte economía local como base para la participación
en el mundo exterior:
La
visión del desarrollo indígena es la de interdependencia
global a través de la intradependencia de regiones semiautónomas.
En lugar de hacer hincapié en el nivel más alto o
global de interacción competitiva, esta comienza desde abajo
y enfatiza en el desarrollo de regiones fuertes, independientes
y semiautónomas con identidad única. Muchas de las
comunidades Amish, separadas por fronteras definidas por ellos mismos,
son independientes. Estos son ejemplos interesantes que explican
el porqué sus economías son orientadas a mercados
y altamente exitosas; ellos hacen un sustancial comercio con el
exterior; son grandes protectores de los ambientes naturales y sus
miembros encuentran un gran significado y valor en su trabajo. Sus
economías se basan en el mercado y son altamente diversificadas
e integradas en vez de fragmentadas, cooperativas en vez de competitivas,
basadas en el valor añadido en lugar de productos para el
mercado y dedicadas a la reciprocidad más que a la dominación
(p.35).
Si miramos
hacia el Tercer Mundo encontramos similares beneficios locales derivados
de las economías de pequeñas fincas. El movimiento de
los Trabajadores Sin Tierra de Brasil (MST) es una organización
de base que ayuda a los trabajadores sin tierra a organizar ocupaciones
de tierras abandonadas que pertenecen a ricos hacendados (Langevin y
Rosset, 1999). Cuando comenzó este movimiento a mediados de los
80, la mayoría de los alcaldes conservadores de pueblos rurales
se opusieron violentamente a las ocupaciones de tierras del MST en las
áreas circundantes a los pueblos. Sin embargo, en tiempos recientes
su actitud ha cambiado. La mayoría de sus pueblos están
muy deprimidos económicamente y las ocupaciones pueden dar a
las economías locales el impulso que necesitan. Las ocupaciones
típicas consisten en 1000 a 3000 familias que convierten las
tierras ociosas en fincas productivas. Ellos venden sus productos en
los mercados de los pueblos cercanos y compran sus suministros a los
comerciantes locales. Por ello no es extraño que esos pueblos
con asentamientos cercanos del Movimiento Sin Tierra están ahora
económicamente en mejores condiciones que otros similares. Es
por esto que actualmente muchos alcaldes piden al MST llevar a cabo
ocupaciones cerca de sus pueblos (Candido Gryzbowski, IBASE, comunicación
personal).
De aquí
se deducen los beneficios para el desarrollo económico local
y regional de una economía de pequeños agricultores, así
como de la vida y prosperidad de los pueblos rurales. ¿Podemos volver
a crear una economía de pequeñas fincas en lugares donde
esto se había perdido para mejorar el bienestar de los pobres?
Mejora
del bienestar social a través de la reforma agraria
La historia
más reciente muestra que la redistribución de la tierra
a los sin tierra y a las familias rurales pobres puede ser una vía
muy efectiva para mejorar el bienestar rural. Sobhan (1993) examinó
los resultados de prácticamente cada programa de reforma agraria
llevado a cabo en el Tercer Mundo a partir de la Segunda Guerra Mundial.
Él ha sido cuidadoso al distinguir entre lo que llama redistribución
"radical" (llamada "reforma agraria genuina" por
Lappé et al., 1998), y reformas "no igualitarias" (o
"falsa reforma agraria" en la terminología de Lappé
et al.). Cuando se han distribuido tierras de calidad a los pobres y
se ha roto el poder de la oligarquía rural para distorsionar
y "manipular" las políticas, el resultado ha sido invariablemente
una reducción real y medible de la pobreza y el mejoramiento
del bienestar humano. Japón, Corea del Sur, Taiwán y China
son buenos ejemplos de ello. En contraposición, los países
cuyas reformas han dado solo tierras de pobre calidad a los beneficiarios
y/o que fallaron en alterar las estructuras de poder rural que actúan
contra las pobres, han fracasado en su intento de asestar un golpe contundente
a la pobreza rural. México y Filipinas son casos típicos
de lo anterior (Sobhan, 1993; Lappé et al., 1998).
En tanto
Sobhan consideró estadísticas a nivel nacional para arribar
a sus conclusiones, Besley and Burgess (1998) examinaron recientemente
la historia de la reforma agraria de forma individual en 16 estados
indios desde 1958 a 1992. A pesar de que no fueron reformas radicales
en el sentido de Sobhan, muchos abolieron la tenencia y redujeron la
importancia de los intermediarios. Estos autores encontraron una fuerte
relación entre la reforma agraria y la reducción de la
pobreza. De manera similar, en Brasil, los beneficiarios de la reforma
agraria y los miembros de los asentamientos del MST, tienen un mayor
estándar de vida que aquellas familias que permanecen sin tierras
(Candido Gryzbowski, IBASE, comunicación personal). De hecho,
la reforma agraria se mantiene como un medio prometedor para contener
la migración de las áreas rurales a las urbanas, que está
provocando que las ciudades del Tercer Mundo crezcan más allá
de las capacidades de las economías urbanas para suministrar
suficientes empleos.
En Brasil
IBASE, un centro de investigaciones socioeconómicas, estudió
el impacto sobre el tesoro gubernamental de legalizar las ocupaciones
de tierras al estilo del MST en contraposición a los servicios
usados por igual número de población emigrante a las áreas
urbanas. Cuando los pobres sin tierra ocupan las tierras y fuerzan al
gobierno para legalizar sus propiedades, ello implica costos relacionados
con la compensación a los dueños anteriores, gastos legales,
créditos para los nuevos agricultores, etc. No obstante, el costo
total para el estado implica mantener el mismo número de personas
en una barriada urbana --incluyendo los servicios y la infraestructura
que utilizan-- sobrepasa en solamente un mes el costo anual de legalizar
las ocupaciones de tierra (Candido Gryzbowski, IBASE, comunicación
personal).
Otro punto
de vista para analizar el asunto es en términos del costo de
crear un nuevo empleo. Los estimados del costo de creación de
un nuevo trabajo en el sector comercial de Brasil fluctúan desde
2 hasta 20 veces más que el costo de establecer a un ama de casa
desempleada en áreas agrícolas a través de la reforma
agraria. Los beneficiarios de la reforma agraria en Brasil tienen un
ingreso anual equivalente a 3.7 veces el salario mínimo, en tanto
que los trabajadores que permanecen sin tierra promedian solo el 0.7.
La mortalidad infantil entre las familias de los beneficiarios ha disminuido
a apenas la mitad del promedio nacional (Stédile, 1998).
Esto proporciona
un poderoso argumento de que la reforma agraria para crear una economía
de la pequeña finca no solo favorece el desarrollo económico
local sino que es también una política social más
efectiva que permitir como si no pasara nada que se sigan alejando a
los pobres de las áreas rurales hacia florecientes ciudades.
Sobhan
(1993) expresa que solo la reforma agraria tiene el potencial
para enfrentar el subempleo crónico de la mayoría de los
países del Tercer Mundo. Debido a que las pequeñas fincas
utilizan mayor mano de obra -y a menudo menos capital- para hacer producir
una unidad de área, un modelo a pequeña escala puede retribuir
a mucha más gente en una actividad y revertir el flujo migratorio
procedente de las áreas rurales. ¿Qué hay con el desarrollo
económico nacional? ¿Cómo quedan los países caracterizados
por pequeñas fincas cuando se comparan con aquellos dominados
por grandes fincas?
Desarrollo
económico nacional y economías internas locales
Se considera
que una economía rural, relativamente equitativa y basada en
los pequeños agricultores, proporciona las bases para un fuerte
desarrollo económico nacional. Este "camino del agricultor
hacia el desarrollo" es parte de la razón por la cual, en
época temprana de su historia, los Estados Unidos se desarrollaron
de manera más rápida y uniforme que América Latina,
con su injusta distribución de la tierra caracterizada por enormes
haciendas y plantaciones espaciadas con campesinos de subsistencia extremadamente
pobres (de Janvry, 1981). En los Estados Unidos, agricultores independientes
formaron un vibrante mercado doméstico de productos manufacturados
de las áreas urbanas, incluyendo implementos agrícolas,
ropas y otras necesidades. Esta demanda doméstica alentó
el crecimiento económico en las áreas urbanas y la combinación
hizo surgir un crecimiento de base amplia (Sachs, 1987).
Más
recientemente, las experiencias de la posguerra en Japón, Corea
del Sur y Taiwán demuestran cómo una reforma equitativa
de la tierra estimula el desarrollo económico. Al final de la
guerra, diversas circunstancias, incluyendo la devastación y
la ocupación extranjera, crearon condiciones que favorecieron
la ejecución de reformas agrarias radicales en cada país,
rompiendo el dominio de la clase terrateniente sobre la vida económica
rural. Esta situación, combinada con la protección del
comercio para mantener elevados los precios de los productos y la inversión
en áreas rurales, hizo que los pequeños agricultores obtuvieran
rápidamente un alto poder adquisitivo que garantizó un
mercado doméstico para las incipientes industrias (Sachs, 1987).
Los "milagros"
económicos de la posguerra de esos tres países fueron
incentivados en un inicio por estos mercados internos centrados en áreas
rurales, mucho antes de las políticas "orientadas a la exportación"
que mucho después empujaron a esas industrias a competir en la
economía global. Esto fue el triunfo real para las economías
internas locales en las cuales la redistribución de los activos
productivos hacia los estratos más pobres de la sociedad creó
la base económica para un desarrollo rápido y relativamente
equitativo. Esto se coloca en contraste con el fallo de la economía
del "trickle down" ("de goteo para abajo") para
alcanzar prácticamente nada en el mismo período en áreas
dominadas por los Estados Unidos, como es el caso de América
Latina (Sachs, 1987).
Un posterior
beneficio del desarrollo de las pequeñas fincas a través
de la reforma agraria en el Este de Asia fue la dispersión del
poder político. Las concesiones económicas a los pequeños
agricultores se convirtió en una base política importante
a la cual los políticos tenían que responder, evitando
el tipo de toma de decisiones partidistas urbanas que han saboteado
el desarrollo económico en una buena parte del Tercer Mundo (Sachs,
1987).
Por lo
general en la actualidad existe cada vez más consenso entre los
economistas de la corriente principal del desarrollo, largamente solicitados
por los izquierdistas, en cuanto a que la desigual distribución
de los bienes impide el crecimiento económico (Solimano, 1999).
Esta opinión está guiando incluso a organizaciones como
el Banco Mundial a exigir la reforma agraria, aunque en versiones "guiadas
por el mercado" con las que no estoy necesariamente de acuerdo.
(Véase por ejemplo Banerjee, 1998; Deininger y Binswanger, 1998;
para la visión alternativa véanse las reclamaciones al
Inspection Panel, 1999).
Servicios
al ecosistema y sostenibilidad
Los beneficios
de las pequeñas fincas se extienden más allá de
la esfera económica. Mientras que las fincas grandes de estilo
industrializado imponen una mentalidad de arrasar la tierra en cuanto
a la administración de recursos -sin árboles, sin vida
silvestre, con monocultivos interminables-, los pequeños productores
pueden ser unos muy efectivos supervisores de los recursos naturales
y del suelo. Para comenzar, los pequeños productores utilizan
un amplio rango de recursos y tienen un interés personal en sus
sostenibilidad. Al mismo tiempo, sus sistemas agrícolas son diversos,
incorporando y preservando una significativa biodiversidad en buen estado
(o funcional) dentro de la finca. Al preservar la biodiversidad, el
espacio abierto y los árboles,
En los
Estados Unidos los pequeños agricultores dedican el 17% de su
área a bosques, en comparación con solo el 5% en el caso
de fincas grandes. Las fincas pequeñas mantienen cerca de la
mitad de sus tierras en "prácticas que mejoran el suelo",
que incluyen los cultivos de cobertura y los abonos verdes (D'Souza
e Ikerd, 1996). En el Tercer Mundo. Los campesinos muestran una tremenda
habilidad para prevenir e incluso invertir el proceso de degradación
de las tierras, incluyendo la erosión del suelo.
Muchos
de los agroecosistemas de las fincas pequeñas del Tercer Mundo
se localizan en una amplia variedad de pendientes, paisajes, microclimas,
altitudes y tipos de suelos; y están rodeadas por asociaciones
vegetales muy diversas. Hay numerosas combinaciones de diversos factores
biofísicos que han conducido a los diferentes patrones de cultivo
desarrollados por los campesinos para explotar las características
específicas de cada lugar. Las descripciones de las especies
y la diversidad y manejo estructural de estos sistemas tradicionales
pueden encontrarse en toda la literatura sobre agroecología (véase
por ejemplo, Altieri, 1995; Pretty, 1995; Netting, 1993; The Ecologist,
1998).
En muchas
áreas los agricultores tradicionales han desarrollado y/o heredado
complejos sistemas agrícolas altamente adaptados a las condiciones
locales, permitiéndoles una administración sostenible
de la producción en ambientes adversos para satisfacer sus necesidades
de subsistencia sin depender de la mecanización, fertilizantes
químicos, pesticidas u otras tecnologías de la ciencia
agrícola moderna (Altieri, 1995).
Si se compara
la ecología de las áreas baldías de una plantación
moderna para la exportación, el paisaje de las pequeñas
fincas contiene muchísima más biodiversidad. Las áreas
forestadas de donde se extraen alimentos naturales y hojarasca, leña,
la finca en sí con cultivos intercalados, agroforestería
y ganado mayor y menor, el estanque de los peces, el huerto del traspatio,
preservan de cientos o miles de especies silvestres y cultivadas. Simultáneamente
la responsabilidad de los miembros de la familia de mantener la fertilidad
del suelo de su finca, constituye un interés activo en la sostenibilidad
a largo plazo que no se encuentra en las grandes fincas propiedad de
inversionistas ausentes.
Si realmente
nos interesan los ecosistemas rurales, la preservación y promoción
de la agricultura de las pequeñas fincas familiares es un paso
decisivo que debemos dar.
Conclusiones:
Amenazas
del libre comercio para la agricultura campesina
A lo largo
de este articulos he analizado las múltiples funciones
que juegan las pequeñas fincas y los incontables beneficios que
brindan a la sociedad y la biosfera. Si estamos preocupados por la producción
de alimentos, las pequeñas fincas son más productivas.
Si nuestra preocupación es la eficiencia, éstas son más
eficientes. Si nos preocupa la pobreza, la reforma agraria para crear
una economía de la pequeña finca ofrece una solución
clara. El modelo de la pequeña finca es además la vía
más segura para el desarrollo de economías de una base
amplia. Si la pérdida de biodiversidad o de sostenibilidad es
nuestra preocupación, las fincas pequeñas ofrecen una
decisiva parte de la solución.
A pesar
de que durante décadas los estados de la nación han llevado
a cabo políticas en contra de las pequeñas fincas (Lappé
et al., 1998), los pequeños agricultores se han apegado a la
tierra en cantidades asombrosas. Sin embargo, actualmente nos encontramos
en una encrucijada. Como un mundo único, estamos preparados para
avanzar hacia la integración económica global que representa
para los pequeños agricultores amenazas mayores a las que jamás
hayan enfrentado.
La liberalización
del comercio - el movimiento hacia políticas globales de libre
comercio-plantea una grave amenaza para la futura existencia de las
pequeñas fincas en todo el mundo. Durante las dos últimas
décadas los países del Tercer Mundo han sido alentados,
engatusados, amenazados y de forma general presionados hacia la reducción
unilateral del nivel de protección ofrecido a sus productores
de alimento frente a competidores foráneos bien financiados.
A través de la participación en el GATT, NAFTA, el Banco
Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial
del Comercio, ellos han reducido y en algunos casos eliminado las tarifas,
cuotas y otras barreras a la importación ilimitada de productos
alimentarios (Bello et al., 1999).
Aparentemente
esto podría parecer bueno. Después de todo, la mayor importación
de alimentos podría abaratar sus precios en los países
pobres y hambrientos, y por tanto facilitar a los pobres la obtención
de lo suficiente para comer. Sin embargo, la experiencia de muchos países
sugiere que hay dos inconvenientes a estas políticas que pueden
ser mayores que sus beneficios potenciales.
Las típicas
economías del tercer Mundo han sido inundadas con alimentos baratos
procedentes de los mayores países exportadores de granos. Por
múltiples razones (subsidios, tanto ocultos como descubiertos,
producción industrial, etc.) estos alimentos se ponen a menudo
en el mercado internacional a precios inferiores a su costo local de
producción. Esto hace descender los precios que los agricultores
locales reciben por lo que producen, con dos efectos asociados, ambos
negativos (Lappé et al., 1998).
En primer
lugar, una caída repentina de los precios de las fincas puede,
a corto plazo, expulsar de las tierras a los campesinos pobres y endeudados.
El segundo efecto es más sutil: mientras los precios de los cultivos
permanecen bajos en un término medio, las ganancias por unidad
de área -por acre o por hectárea-también permanecen
bajas. Esto significa que el número mínimo de hectáreas
necesarias para mantener a una familia se incrementa, contribuyendo
así a que los productores más pequeños y pobres
abandonen la tierra -tierra que va a parar a manos de productores mayores
y más acomodados que pueden competir en un ambiente de bajos
preciso con la ventaja de contar con muchas hectáreas. Ellos
contrarrestan los bajos beneficios por hectárea tomando posesión
de vastas áreas que añaden a las ganancias totales, aunque
representen muy poco sobre una base por hectáreas. El resultado
final de los dos mecanismos es la posterior concentración de
las tierras de fincas en las manos de los grandes productores, que son
cada vez menos (Lappé et al., 1998).
Existe
castigo para esta concentración de tierras en términos
de productividad, en tanto los grandes productores se vuelven hacia
el monocultivo y las maquinarias para trabajar tan vastas extensiones,
y en términos del medio ambiente, al depender estos monocultivos
altamente mecanizados de los agroquímicos. Se pierden empleos
al ser reemplazada la fuerza de trabajo humana y los animales de tiro
por maquinarias. Mueren las comunidades rurales con la migración
de los productores hacia las ciudades. Se deterioran los recursos naturales
al no quedar nadie que se preocupe por ellos. Y finalmente, se pone
en peligro la seguridad alimentaria: la producción nacional de
alimentos cae en frente a las importaciones baratas; la tierra que antes
se usó para cultivar alimentos es destinada a la producción
de cultivos para exportación a mercados distantes; las personas
dependen del dinero -en vez de la tierra-para alimentarse; y las fluctuaciones
de los empleos, los salarios y los precios de los alimentos a nivel
mundial pueden conducir a millones al hambre.
Este proceso
puede resultar más o menos familiar al pueblo norteamericano,
que es testigo de la caída de los precios de los cultivos y de
la mentalidad "crezca o retírese" de la política
gubernamental que expulsó de la tierra a millones de productores
a partir de la Segunda Guerra Mundial. Hemos pagado, y continuamos pagando,
un alto precio por la incontenible erosión de los suelos provocada
por la excesiva mecanización y por las siembras "de cerca
a cerca"; por los problemas urbanos debidos a que nuestras ciudades
nunca absorbieron realmente el exceso de fuerza laboral expulsada del
campo norteamericano; y por el colapso de la vida rural.
La mayor
campaña de exportación de granos desde las tierras del
centro de los Estados Unidos, que comenzó en los años
70, contribuyó a un incremento del 40% en la erosión de
los suelos de los cinturones de maíz y soya. Actualmente cerca
del 90% de las tierras cultivables de los Estados Unidos está
perdiendo la capa superior del suelo con más rapidez de lo que
puede recuperarse (Lappé et al., 1998). El boom exportador también
contribuyó al incremento de un 25% en el tamaño promedio
de las fincas, que estuvo acompañado por la pérdida de
un tercio de todos los productores norteamericanos entre 1970 y 1992
(U.S. Census of Agriculture, 1992). En la figura 3 vemos que el productor
norteamericano promedio no se ha beneficiado en absoluto con el boom
exportador. Por el contrario, las ganancias se han acumulado en los
carteles de granos gigantes (Krebs, 1991). En el sentido exacto, por
tanto, la dominación global de los Estados Unidos de los mercados
de granos ha afectado a las familias campesinas y dañado los
ecosistemas rurales, tanto en su propio territorio como en el exterior.
Lo que
eufemísticamente se conoce como "sistema de comercio agropecuario
justo y orientado al mercado"- casi completamente libre comercio
de los productos del agro- es desafortunadamente la agenda de los negociadores
del gobierno norteamericano para la reunión de la Organización
Mundial de Comercio (OMC) que tendrá lugar en el otoño
de 1999 en Seatle (Permanent Mission of the United States, 1999).

Figura
3. Ingreso por finca de un agricultor norteamericano promedio vs. total
de las exportaciones agrícolas de los Estados Unidos, 1963-1994.
Fuentes: Farmer income--Economic Research Service, U.S. Department
of Agriculture, Current and Historic Operator Household Income Tables.
Exports--Food and Agriculture Organization, FAOSTAT Agriculture Data.
Esto representa
el más grave reto que enfrenta actualmente la población
rural y la ecología del mundo. La posterior "liberalización"
del comercio de los productos agrícolas significará mayor
libertad para que los grandes desplacen a los pequeños, para
forzar a la población de cualquier lugar a depender de distantes
mercados globales -con impredecibles cambios de precios- para los alimentos
diarios, otro éxodo masivo procedente de las áreas rurales
y el consiguiente crecimiento de las ciudades, y podría guiar
al triunfo final de los monocultivos ineficientes y ecológicamente
destructivos sobre las prácticas agrarias sostenibles y ecológicamente
racionales.
Existe
consenso entre las naciones del mundo en cuanto a la posición
de los Estados Unidos. Un número de países ha aceptado
el llamado realizado en el Capítulo 14 de la Agenda 21, la declaración
redactada en la Reunión Mundial de Río de Janeiro en 1992,
referido a "la revisión y planeamiento de las políticas
agrarias y la programación integrada llevada a cabo a la luz
de los aspectos multifuncionales de la agricultura, considerando particularmente
la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible".
De acuerdo
con este punto de vista, la agricultura produce no solo comodidades,
sino también medios de vida, culturas, servicios ecológicos,
etc., y por lo tanto, los productos de ella derivados no pueden ser
tratados de la misma manera que otros bienes. Mientras un zapato, por
ejemplo, es un bien relativamente simple cuyo precio mundial puede ser
ajustado por la ley de la oferta y la demanda, y cuyo comercio puede
regularse o no a través de la puesta en práctica de determinadas
tarifas, no es el caso de los productos del agro, cuyas reglas son mucho
más complejas.
El gobierno
japonés, en un documento preliminar para las negociaciones de
Seattle, planteó (Permanent Mission of Japan, 1999):
La
agricultura no solo produce/suministra productos agrícolas,
sino además contribuye a la seguridad alimentaria al reducir
los riesgos producidos por eventos inesperados o de una posible
escasez de alimentos en el futuro, a la preservación de los
suelos y del ambiente, a la creación de un buen paisaje,
y al mantenimiento de las comunidades locales mediante actividades
productivas en armonía con el ambiente natural. Todos estos
roles son conocidos como la "multifuncionalidad" de la
agricultura.
La
multifuncionalidad de la agricultura tiene las siguientes características:
(a) la mayoría de los aspectos de la multifuncionalidad están
considerados como externalidades económicas y es difícil
reflejar propiamente sus valores en precios de mercado. Es por ello
que está estrechamente relacionada con la producción
y no puede estar sujeta al comercio; (b) los mecanismos de mercado
por sí solos, no pueden estar guiados hacia la práctica
de un método de producción agrícola que plasme
la multifuncionalidad de la agricultura.
Noruega
también ha considerado el concepto de multifuncionalidad como
basamento para el tratamiento especial de la agricultura por razones
de protección ambiental, seguridad alimentaria y la viabilidad
de las áreas rurales (Norwegian Ministry of Agriculture, 1998),
lo mismo ha hecho la Unión Europea en cierta medida (European
Comission, 1999), así como algunos otros países.
Como experto
en producción a pequeña escala, comparto totalmente esta
opinión. El desconocimiento de la multifuncionalidad de la agricultura
ha originado sufrimientos incalculables y destrucción ecológica.
El tiempo es insuficiente para reconocer todo el espectro de contribuciones
de la agricultura -y de las pequeñas fincas en particular-para
la sociedad humana y la biosfera. Las fincas no son fábricas
de producción en serie y no podemos permitir que limitados argumentos
de simple conveniencia económica destruyan este legado de toda
la especie humana.
Convoco
a la sociedad civil mundial a demandar que nuestros gobiernos respeten
la multifuncionalidad de la agricultura y que otorguen a cada país
verdadera soberanía en cuanto a la alimentación y la agricultura
retornando al libre comercio de los productos agrícolas. En lugar
de profundizar en las políticas que dañan a los pequeños
agricultores, deberíamos implementar políticas que desarrollen
las economías de las pequeñas fincas. Ello puede incluir
genuinas reformas agrarias y la protección de tarifas de los
alimentos básicos, de forma tal que los agricultores reciban
precios justos y se invierta la parcialidad de las políticas
relacionadas con créditos, tecnología, investigación,
educación, subsidios, impuestos e infraestructura que injustamente
favorecen a las grandes fincas a costa de las pequeñas. Haciendo
lo anterior, asestaremos un golpe a las raíces de la pobreza,
el hambre, el subdesarrollo y la degradación de los ecosistemas
rurales.
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