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En la ópera del mercado
Por Fabián Banga

En la ópera "il trovatore" de Verdi en un momento Manrico en medio de la gran confusión se da cuenta que van a matar a su madre, una bruja, y entre un alboroto de exclamaciones dice "Madre infelice, corro a salvarti, o teco almeno corro a morir!" (infeliz madre, corro a salvarte, o por lo menos corro a morir contigo). Cuando escuchaba esta área no podía menos que imaginar lo alegórico de esta muerte, o al menos proximidad de la muerte, en relación a la muerte de la patria. Aquellos que con bronca vemos esta muerte lenta y agónica, la sufrimos, la sentimos entre los dientes, se vuelve visceral, se vuelve síntoma corporal, desgaste, depresión. Esa imagen de los que está ahí y vemos morir a cada minuto; los que están en el territorio la ven morir a cada minuto en cada actividad diaria, los que estamos afuera la vemos morir en cada línea que nos llega en los diarios, en cada noticia que no dan tregua y van descubriendo la proximidad del abismo, inevitablemente, irreversiblemente. Más de uno se uniría a las líneas "All'armi! All'armi! Eccone presti! A pugnar teco, o teco a morir!" con Manrico y su madre moribunda, que es nuestra madre también dentro del imaginario que nos permitimos hoy, la reconstrucción de esa imagen de tomar la postura de salir a defender algo. Una posición activa frente a la destrucción, una posición movilizante. ¿Pero dónde está la patria? ¿Qué es la patria y que habría que salvar? ¿No estamos ya cansados hasta la nausea? ¿ya no hay una desesperanza después de la desesperanza repetida e infinita?

En una oportunidad un profesor nos decía: "que fácil que era ver en tiempos de la dictadura quién era el enemigo, estés en el bando que estés". Hoy el enemigo no es claro, no se sabe si hay algún enemigo, se sienten las consecuencias, pero no se sabe desde donde viene el problema. Llega por la noche y nos quita las fuerzas, ataca desde las sombras, como un vampiro, y para comparación con alguna novela de Drácula, Lucy (léase la patria) es visitada por la noche y devorada lentamente; esta totalidad oscura que rodea y se mete en nuestra vida de las formas más inesperadas. Esta oscuridad no se por qué me recuerda al mercado. No hay forma de satisfacerlo, pero fuera del mercado no hay nada porque el mercado lo abarca todo en estas construcciones sociales presentes, en esas teorías sociológicas que estaban flotando por ahí del mercado como una totalidad, el mercado como Dios. Donde llega el proyecto neoliberal, se apropia de lo que encuentra y los pone en los parámetros de la moneda. Y hay también destrucción porque los parámetros de lo que puede llegar a ser la cultura o el individuo no pueden ser medidos en parámetros matemáticos.

Había una vez un edificio llamado el Jabón Federal, en una esquina de los limites de Madero, al lado de un puente que en una época recuerdo se llamaba también el puente del Jabón Federal, así lo llamaba la gente. Montones de familias de la zona trabajaron allí. Un edificio que ya no está, un edificio quizás parte de la memoria colectiva hoy en día. ¿No se podía guardar la fachada? Es que estábamos pensando en encontrar algunos parámetros fuera de la oscuridad, fuera del mercado. ¿Ya se fue aquello? ¿Hay otros ejemplos de donde encontrar algo afuera del mercado? Algo que nos haga sentir nosotros pero fuera de la moneda, ¿alguna casa vieja? Algo verdaderamente nuestro pero no comercializado podría funcionar. El vuelo de United me lleva de nuevo al territorio y pienso: pucha que uno vuelve a la patria en cada momentos! ¿Hay algo afuera del mercado? me pregunto nuevamente, ¿quedará algo de aquello que fuimos o quisimos ser y no fuimos? ¿Será necesario dejar atrás aquellas ilusiones para así poder construirnos? La muerte de la patria o quizás el adiós a las comodidades de los sueños creados para entrar en la realidad del ahora, dejar ir aquellas conveniencias para así sí salvar o quizás mejor, dejar nacer de nuevo la patria. La patria alguna vez soñada, alguna vez proyecto de nación. La patria de todos los climas, de las riquezas infinitas, crisol de razas, Buenos Aires, París de Sudamérica (bueno, más o menos) con tus zoológicos con rejas de palacios. Levanto el diario en el avión que no deja de temblar por la turbulencia, y leo: el riesgo país pasó los 1600.



 

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