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Sobre la inminente guerra: La óptica imperial
por Fabián Banga (2/13/03)

¿Quién iba a pensar a principios del año 98 que las características de la política y economía mundial serían como las experimentamos hoy en día a principios del año 2003? En aquellos tiempos los avances tecnológico nos sorprendían cada día y jóvenes con mucho talento y poca experiencia ganaban en el mundo de los dotcom hasta 300 mil dólares al año. Pasar el primer millón era sólo el comienzo en aquel mundo de plata fácil. Lo multicultural era lo cotidiano y el mundo parecía una aldea pequeña destinada a florecer indefinidamente. En aquellos tiempos, que parecieran remotos hoy en día, el debate pasaba por encontrar una solución a los enormes grupos que no tenían acceso a estas tecnologías y a aquella forma de vida elitista. El mundo parecía dividido entre los que tenían el acceso y los que no. Se planteaba que existirían centros tecnológicamente avanzados que florecerían indefinidamente en contraposición con regiones marginales, que en un momento un sociólogo amigo las describió como "áreas irrelevantes". Pareciera ser que tan irrelevante no eran después de todo.

Hoy nos encontramos en un mundo absolutamente distinto. La élite tecnológica ha perdido su poder adquisitivo y aquellos países o regiones que parecían condenadas al progreso, hoy en día están en profundo deterioro por el déficit, desempleo y falta de confianza en el sistema. El New Yorker, una revista de mucho prestigio en los Estados Unidos, dedicó casi exclusivamente todo su numero de febrero al tema de la guerra. En la tapa se puede ver a un soldado sentado en una trinchera rodeado de cañones, tanques y aviones en el cielo. El soldado sentado con su fusil al hombro tiene en su mano una tarjeta de San Valentín, la fiesta de los enamorados que se celebra en estas latitudes el próximo viernes 14. La imagen representa una preocupación que indudablemente es parte del debate colectivo de este pueblo, el costo humano que presenta desarmar a Saddam, tanto para el pueblo americano como para el pueblo Iraquí. No creo que a esta altura del partido a nadie le quede duda de que el tema de emprender una patriotada como la que quiere arrancar el texano es envestir contra un enemigo en lo más profundo de una oscura caverna. Se sale con el enemigo al hombro o no se sale, no hay punto intermedio. Hasta muchas personas que están en acuerdo con la política de la Casa Blanca de desarmar a Saddam, proponen hacerlo en conjunto con la comunidad internacional y dejar continuar a los inspectores hacer su trabajo. Esto para muchos desmantelaría las predicciones de que esta es una guerra por un tema netamente económico, por el control del petróleo en el medio oriente. Habría que remarcar por otro lado que la teoría que propone que está es una guerra por el simple control del petróleo, tiene sus lados flacos.

Todos tenemos en mente el significativo embargo que en el 73 la OPEC le declaro a los Estados Unidos cortando la producción de petróleo y subiendo los precios de éste. Esta movida política económica le produjo a los Estados Unidos una pérdida enorme llevándolo inevitablemente a una recesión que sacudió el país entero. Pero los imperios raramente tropiezan dos veces con la misma piedra en situaciones como estas. Como propone James Surowiecki, en un artículo del mismo New Yorker de febrero -que ya hemos mencionado-, los Estados Unidos se encuentra hoy en día mucho mejor parado en este campo y a diferencia que en los setentas la OPEC controla solamente el 40% del petróleo mundial. También hay que considerar en esta ecuación que el detener la producción de petróleo en el mundo árabe produciría perjuicios enormes en estos países ya que su ingreso nacional depende directamente de esta producción. Otro tema a considerar es que el petróleo que Estados Unidos consume hoy en día en gran medida llega de países como México, Canadá, Venezuela y los mares del Norte. Más aún, Bush esta proponiendo abrir la búsqueda de petróleo en lugares como Alaska, lo que incrementaría la producción interna bajando drásticamente el costo del barril de crudo.

Quizás habría que ver esta inevitable invasión que pareciera presentarse en el futuro inmediato, como un intento desesperado de la administración de Bush de poner un bastión con la inconfundible firma de USA en el mundo árabe. Esto produciría una influencia estratégica en la región con miras a aliviar la inseguridad que ciertos grupos fundamentalistas representan para el imperio. Para los que critican esta actitud, la alternativa sería una política conjunta con las Naciones Unidad, lo que es evidentemente una propuesta civilizada y coherente a largo plazo. Pero como se diría John Maynard Keynes, a largo plazo estamos todos muertos.

Es por esto que la lucha de la Casa Blanca en este campo pareciera ser inevitablemente en el campo ideológico con el fin de mantener el poder hegemónico mundial. Indudablemente que lo económico está relacionado, pero no pareciera ser el objetivo inmediato. Que en muchos sectores del mundo árabe el discurso ronde entre lo político y lo religiosos viendo a la entidad americana como el mismo Satanás, produce una mezcla explosiva que delimita a Israel y a USA vs el resto del Mundo Islámico como el campo de batalla. Esto indudablemente lleva la realidad mundial a una polarización de extrema peligrosidad para todos. De ahí que evidentemente muchos países europeos como Francia, Alemania y ahora Rusia, intentan salirse de esta polaridad detonante, buscando desesperadamente una solución en el mundo de la diplomacia. Para agravar más las cosas, esta administración en la Casa Blanca, no pareciera querer bajar el tono del debate, moviendo todo a también una especie de discurso semi religioso, en el que quiere ubicar a los Estados Unidos como una especie de guardián del mundo del eje del mal. Esto es algo típico del discurso imperial; para el imperio, el imperio "es" el mundo y nada existe fuera de la óptica de éste. Esta realidad ha acompañado a muchos discursos norteamericanos y lamentablemente tiene a sus adeptos que, siguiendo esta sintaxis, intentan ver el mundo desde la propia óptica nacional. Algo que no es exclusivo de estas latitudes.

Todo esto lleva a una confrontación tremendamente peligrosa en la que miles de vidas, de ambas partes, sufrirán las consecuencias. A todo esto se le suma Corea del Norte que está dispuesta a no pasar a segundo plano en el conflicto mundial. Otro factor también preocupante es la profunda resección que todo esto está generando. El presidente la semana pasada anuncio un presupuesto con un déficit récord, enfatizando los gastos en el tema de la seguridad y dejando de lado temas como la salud, la asistencia social y la educación. Para muchos analistas esto no puede continuar por mucho tiempo pensando que puede desencadenar en una especie de explosión económica "à la argentina" que llevaría a una caída en picada libre no solamente a los Estados Unidos, sino al mundo entero. Esta es la realidad que se ve y comenta todos los días en estas regiones del norte. Una inseguridad y preocupación deprimente. El miedo a otro ataque como el del 11 de septiembre se acrecienta en la gente por el nuevo alerta que el gobierno está proponiendo. Se ejercita los preparativos por un eventual ataque en las ciudades en una fecha fija del mes, haciendo sonar las sirenas y preparando a la gente por un posible ataque con armas de destrucción masiva. El ejercicio es preventivo, pero no deja de alterar los ánimos. Para el próximo fin de semana, el 16 de febrero, se prevé una marcha masiva en distintos puntos del país en contra de la guerra y ocupación de Iraq. La protesta es una respuesta desesperada en contra de un comienzo de la guerra, que para muchos se iniciara en cuestión de días.



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