Otra
perspectiva.
- Por Fabián Banga (25-04-03)
Frente
a las inminentes elecciones de este fin de semana en Argentina se me
ocurrió hacer una consulta a nueve de mis estudiantes, aquí en Berkeley,
sobre cuáles serían para ellos las propuestas que un candidato a presidente
tendría que ofrecer para que tuviera el beneficio de su voto. El grupo
de estudiantes contaba con buena diversidad de raza, sexo, nacionalidad
y edad. Le pedí que tuvieran en consideración tres puntos: ¿Cuáles serían
las expectativas en el campo de la política interior y cuáles en la
política exterior? Y tener en mente que ellos estarían votando en un
país como Argentina. Las respuestas fueron muy interesantes. Luego de
debatir por más de una hora propusieron estas ideas:
Política
interior:
2/3
de ellos propuso que un punto fundamental era el tema de la educación
estatal. 1/3 propuso que ésta tendría que ser gratuita e independiente.
El 100%
puso énfasis en que el candidato tendría que tener una férrea política
de asistencia social; muchos de ellos propusieron ideas relacionadas
con sólidos programas sociales de vivienda, alimentación, salud y una
campaña de alfabetización nacional.
1/3
puso énfasis en temas ecologistas, legalización de las drogas para así
tener más control frente a este problema y la concreta separación de
la iglesia y el estado.
2/3
propusieron que las medidas económicas a tomar tendrían que ser flexibles,
entre ideas de carácter capitalista y socialista. Estas medidas tendrían
que visualizar una economía de mercado moderada con énfasis en los individuos
como fin último.
Política
exterior:
En
un 100% se propuso: una fuerte posición antibelicista, proyectos de
disminución de armamentos y énfasis en la diplomacia. Esta idea pacifista
fue acompañada de un entendimiento de que la guerra en algunos casos
es inevitable. El modelo de ejército para la mayoría fue el japonés,
con cuerpos de paz y una fuerza que se podría ensamblar en casos extremos.
La inversión que se utiliza en defensa tendría que ser drásticamente
recortada y redirigida a programas sociales.
1/3 de
ellos enfatizó la necesidad de apoyo a las Naciones Unidas y la ruptura
de relaciones con países dictatoriales. En 1/3 de los casos también
se propuso una apertura internacional y alianza con países vecinos.
La
conversación al final del análisis se complicó cuando se presentó la
pregunta ¿cuál tendría que ser nuestra actitud para con los Estados
Unidos? ¿Deberíamos aliarnos a ellos o alejarnos uniéndonos a otros
países? Para ellos el problema no fue identificar el peligro que representa
los Estados Unidos en estos momentos, sino las repercusiones que podría
tener el sí o no estar alineados con esta superpotencia. Sólo uno respondió
que el candidato ideal debería proponer aliarse a los Estados Unidos
por los beneficios que esto traería. 5 de ellos propuso la alternativa
de unirse a otros países medianamente fuertes para crear una oposición
de fuerzas. En el caso sudamericano vieron como una solución la unión
de Argentina con países como Brasil o Venezuela, de fuerte toque antiamericano
y de considerable fuerza en lo económico. El dilema para la mayoría
fue que la unión a la superpotencia no garantizaba una respuesta favorable
para el país ya que Estados Unidos responde en general con políticas
de neto toque unilateral.
Finalmente,
1/3 propuso que el candidato ideal tendría que ser medianamente joven
con ideas renovadoras, 1/3 propuso que sería ideal que el candidato
sea una mujer, y 2/3 puso énfasis en un candidato educado y que en lo
posible haya viajado y vivido en otros países, lo que le permitiría
una visión más amplia de las posibilidades nacionales.
¡Cuán
lejos todas estas ideas de la realidad que vive los Estados Unidos en
este momento! Si bien, la mayoría de los estudiantes proponía ideas
de neto toque progresista, los Estados Unidos, en la figura de su presidente,
está lejos de acercarse a estas propuestas, aún más que los candidatos
que tenemos en la Argentina. Pero la disgregación de las fuerzas progresistas,
plantea una realidad nacional de neto toque neoliberal e imperialista,
y no al revés. De ahí que no me extrañe, que si bien la mayoría del
pueblo argentino esté dispuesto a ver estas ideas de los estudiantes
como positivas, en la practica es muy probable que se elija a un candidato
que pregone básicamente algo abismalmente distinto.
Las
últimas elecciones presidenciales en los Estados Unidos proponen un
ejemplo concreto, aplicable a la Argentina, de por qué habiendo tanto
porcentaje de aceptación a ideas progresistas, se termine con propuestas
de neto toque neoliberal como Bush, Menem o López Murphy. En aquel momento, un candidato de clara ideología
de centro derecha (el actual presidente republicano, George W. Bush,
Jr.), competía contra dos candidatos de centro izquierda, que en aquellos
momentos eran Al Gore y Ralph
Nader, Demócrata el primero y Green, el partido ecologista, el segundo. Muchos temían con acertada lógica
que si bien Gore no satisfacía a las corrientes progresistas por su
falta de carisma el voto a Nader sería inevitablemente un voto a Bush
ya que le quitaba al único candidato fuerte los pocos puntos que le
darían la victoria. Y así tal cual fue, Gore perdió las elecciones nacionales
por un margen insignificante. Una mínima fracción del voto de los Greens
le hubiera dado a los demócratas el margen holgado de superar al candidato
de centro derecha e imponer la voluntad de una mayoría que es de puro
toque progresista. Por ese margen insignificante, esta mayoría progresista
se ve hoy en día gobernada por una ideología muy distinta a la esperada,
y lamentablemente en lo concreto, de consecuencias nefastas para el
país y el mundo.
La
Argentina se encuentra hoy en día en características muy similares a
la de las últimas elecciones americanas. Aunque existe una mayoría progresista,
la fragmentación de los candidatos, la falta de carisma y el desgaste
generalizado llevan a un contexto impensable hace tan sólo un año. Lo
interesante es que si bien hay una fragmentación presente en la multiplicidad
de candidaturas, las ideologías parecieran ser solamente dos. Una vuelta
al neoliberalismo, que en la opinión de muchos ha fracasado drásticamente
con el trastorno económico mundial y el colapso de economías como la
argentina generada en los noventas por el FMI; o una salida progresista
que plantee un cóctel de medidas que enfatice en los individuos. Nuevamente
relacionando las dos elecciones, las similitudes entre Gore y Kirchner
son evidentes. Los dos son de perfil más bien bajo, los dos son progresistas
de centro izquierda y los dos son apoyados por el presidente saliente.
Pero a su vez los dos cuentan con personalidades moderadas que si bien
pueden ser buenas para gobernar (como el caso de Jimmy Carter) no tienen
la intensidad conductiva que podrían tener otros candidatos de toque
más populista. Pero aún más, los dos cargan con la cruz de la fragmentación
de las líneas progresistas. Para Gore esta cruz se llamó Nader, para
Kirchner se llama Carrió y Saá. No queda duda que lo que se está jugando
en los dos casos es un proyecto nacional e internacional. De alguna
forma el futuro de la región está ligado a la votación del domingo.
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Mi agradecimiento a Danny, Russell, Tabitha, Shahpour, Todd, Enrique,
Janice, Mina, Nancy.