Pizza
con whisky
Por Fabián Banga (06-04-03)
"Homo
homini lupus"
(El hombre es el lobo del hombre)
Plautus
Si
uno tuviese que amasar una pizza en las mismas condiciones que uno tiene
que interpretar esta desmedida y arrogante guerra, estoy seguro que
el resultado a la salida del horno sería un disco mucílago, apelmazado,
crudo y grumoso que añadiría, en mi caso, a la enorme lista de sacrilegios
cometidos a la suculenta cocina italiana. Uno ligeramente comienza a
entender algún tema relacionado con la política mundial que cierta cosa
sale a flote para contradecir todo. Para colmo la memoria escasa de
más de un medio informativo produce un efecto de cortina de humo que
no sólo confunde sino que apesadumbra y nos deja sin la esperanza de
que algún día en el futuro, el mundo sea gobernado por la coherencia.
Ya nadie toca el tema de las armas de destrucción masiva que supuestamente
el régimen iraquí poseía, ahora el discurso pasa por dar democracia
y derrocar al tirano. Esta es la realidad que se ve, escucha y lee en
estos pagos del norte. Para colmo de males, la edición de los textos
propuestos ha perdido en calidad con el único fin de ganar en prontitud
de edición. Es el ritmo de la prensa universal, la tiranía temporal
de la columna diaria de la que hablaba Arlt.
Pero
habría que también proponer en favor del cuarto poder que la velocidad
y la vergüenza de algunas movidas políticas de Washington no dejan de
sorprender. Uno quiere ser objetivo, analizar desde un costado de la
historia por más complicado que esto sea. Pero el cinismo que genera
el aparato político y bélico de Washington en algunos casos transcienden
el contexto de cualquier novela gótica. A contracorriente de las protestas,
de las preguntas de los periodistas y dirigentes, a contracorriente
del repudio mundial, a contracorriente de la mayoría de la intelectualidad
norteamericana que repudió el ataque por las consecuencias que éste
acarrearía a nivel mundial y por sobre todo a nivele nacional, los halcones
de Washington salen a cara de roca enarbolando la bandera de la democracia
a la hora de justificar el choque deshumanizado que esta guerra está
proponiendo. Hasta uno llega a escuchar frases como "periodismo terrorista"
en referencia a opiniones que van en contra de lo propuesto por la Casa
Blanca. "Terrorista", una palabra reinventada en estas latitudes que
conlleva el peso del significante del 11 de septiembre. Es complicado
todo esto porque más allá del estado de las cosas uno puede decir libremente
lo que quiera, el problema es quién te lo publica, y aún algo más cruel,
quién te lo lee. Es duro esto y uno no lo dice escribiendo desde el
altiplano boliviano, una universidad en China o un café en Turquía;
uno lo dice desde las mismas entrañas del imperio, desde el tal propuesto
y embarrado "centro del universo".
El
grado de desinformación en la aldea del norte, si uno no utiliza medios
de prestigio, es no sólo significativo sino también tremebundo. Los
"megastar" de los noticieros nacionales ofrecen
lo que vende, y mucha gente quiere comprar algo
que naturalmente funcione con lo esperado: que usalandia es la cuna
de la democracia, que los exóticos foráneos abrazarán a las tropas como
liberadoras. El moverse del libreto genera conflictos desde todos lados.
Es difícil explicar a más de un local que las palabras dictadura, opresión
e imperialismo en muchos lugares del mundo son asociadas con Washington.
La incomprensión y desconexión no pasa solamente por lo lógico sino
por lo amargo. Nunca voy a olvidar el día que vi por televisión un documental local que mostraba
a militares argentinos asesorando a tropas centroamericanas en la lucha
antiguerrilla. Es algo amargo, difícil de digerir. Lo primero que sale
a flote es la negación o la bronca.
Más
aún hay que considerar que la crisis política universal es sobrecogedora.
La evidente agonizante realidad de las Naciones Unidas propone un futuro
multipolarizado, gobernado por la unilateralidad, de profunda desconfianza,
algo muy lejano a lo que se pensaba desde todos los extremos a mediados
de los noventa. Porque los lobos desgarran la hermandad universal desde
todas partes, fragmentando el mapa del mundo por intereses mezquinos.
Y prácticamente nadie se salva de esta acusación. Ni Francia ni Rusia
que aparecieron como las grandes pacifistas, la primera nunca dudó en
apostar al poderío imperial cuando bien le convino, y la segunda con
su historial de limpieza de pequeños países de la Asia musulmana exsoviética,
poco puede venir ahora a hablar de paz en la tierra. Porque si bien
todos estamos por la paz uno quisiera pensar que los intereses de Francia
y Rusia son lo de la hermandad universal y de la paz. Pero conociendo
los datos de que Francia y Rusia fueron dos de los mayores prestamistas
del régimen de un tirano que achicharró y mutiló a gusto los derechos
humanos del pueblo iraquí, uno comienza a desconfiar hasta de los pacifistas.
Lejos también de justificar un ataque y una expansión militar norteamericana
que hasta estrambóticamente va en contra de los ideales de la monstruosa
ideología neoliberal; como propone William Greider en "Military Globalism"(*)
para The Nation (uno de los diarios más progresistas e independientes
de los Estados Unidos), en donde se pregunta si es posible la supervivencia
del mercado globalizado en un mundo gobernado por una sola superpotencia
militar. La pregunta de Greider es propicia ya que dialoga con el grado
de psicosis e incontinencia (en todos los sentidos de la palabra) reinante
en los focos de poder actuales.
Quizás
el cambio se esté (o se tendría que estar) gestando desde otra parte.
El cambio tiene que venir no desde los espacios del mercado o la política,
sino desde el mismo individuo. El individuo no comprometido con un "yo"
pero sí con un "nosotros", que vaya en contra de la fragmentación cultural
y al mismo tiempo en favor de la solidaridad universal. Porque entiéndaseme
bien, la realidad de un trabajador en Santa Fe no es muy distinta a
la de un trabajador en Bagdad o San Francisco; la diferencia yace en
el grado de beneficios y libertades que este trabajador ha logrado.
Esta problemática que fue tema de principios del siglo XX, es lamentablemente
hoy en día un problema irresuelto. La solución pareciera ser la misma,
la vuelta al individuo de la que hablaba Touraine. La visualización
del individuo racionalmente libre y que se auto visualiza miembro de
una comunidad. No queda otra salida, el quemar todo y volver a empezar
limpios de partidismos y compromisos. Frente a esta acción se verá quien
queda limpio de intereses personales. Porque si no cambiamos, el futuro
es inexistente y para cuando los centros de poder se den cuenta, ya
será muy tarde.
(*)http://www.thenation.com/doc.mhtml?i=20030331&s=greider