Pornografía
e internet
Por Fabián Banga (19/07/03)
Hace
algunas semanas acaparó aquí en los Estados Unidos el
debate de los filtros de pornografía en las computadoras de
las bibliotecas públicas con acceso al internet. Es que se
ha vuelto una costumbre, para aquellos que no pueden tener acceso
al internet, recurrir a estas terminales gratuitas que ofrecen acceso
al mundo virtual del ciberespacio; inagotable fuente de comunicación
e información hoy en día. Porque el internet cada vez
se vuelve más parte de nuestra vida cotidiana, y con este nuevo
espacio habitual, trasladamos nuestras costumbres del espacio físico
al virtual. Y le guste o no a más de un moralista, la pornografía
es tan parte de nuestra sociedad como lo podría ser el periódico.
No sorprende
por esto que una de las palabras más buscadas en el internet
en los Estados Unidos sea la palabra "sex". Según reporta wordtracker.com,
dentro de las 300 palabras más requeridas en el internet, "sex"
figura inamoviblemente junto a "porn" (por pornografía) dentro
de las primeras 20. Dentro de las primeras 40 aparece "bigger penis"
y "free porn"; y moviéndonos a esferas más altas encontramos
palabras como "pussy", "literotica", "nude", "sex stories", entre
otras tantas. Esto sin contar otras búsquedas más específicas
como puede ser el caso de "lolita", en directa referencia a la protagonista
de la novela "lolita", una precoz adolescente, indudablemente objeto
de deseo de más de un buscador del ciberespacio, fantasías
que rozan indudablemente la ilegalidad de la pedofilia. Bueno, para
gustos de todo tipo el internet es el espacio ideal por su característico
anonimato. Por ejemplo, no extraña que en el numero 157 del
ranking de wordtracker apareciera la palabra "wifelovers" es decir,
"amante de mujeres casadas". Es evidente que no faltará
alguno que su fantasía será dormir con alguna que su
principal característica sea estar casada con otro. Nada nuevo.
Y que de aquellos que su fantasía pasa no por el dormir con
mujeres demasiado jóvenes, sino con mujeres mayores. Nada ilegal
hay en eso. Para tal caso la mágica palabra es: "mature", por
"maduro/a". Hasta tal punto lega la organización de estas características
que infinito numero de websites agrupan sus fotos o videos por categorías,
eligiendo como y en que contexto uno quiere ver tales imágenes.
Porque lo que le da fuerza a este espacio es indudablemente no la
literatura erótica, sino la imagen.
La pornografía
es un negocio enorme. Hace alguno meses el equipo de Frontline, uno
de los mejores programás de análisis de la televisión
norteamericana (y probablemente del mundo) , hizo un documental impecable
sobre pornografía, mostrando este enorme mundo subterráneo
que moviliza enormes capitales del mercado estadounidense. El informa
se puede encontrar en http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/porn/
con estudios sobre las ramificaciones y relaciones entre la producción
y la distribución, conectando desde el origen de esta cinematografía
hasta la distribución masiva en networks de cable y su conexión
con Wall Street.
Pero
no sólo hay que pagar para acceder a este mundo. La cantidad
de pornografía gratuita que hay en el internet, y que funciona
como enganche, es abrumadora. Hace unos días, pensando en este
articulos, se me ocurrió hacer un experimento: poner
un cronómetro y ver cuanto tiempo me llevaba encontrar un vídeo
pornográfico explícito gratuito y sin restricciones
de "Silvia Saint" una de las estrellas del porno más conocida.
Solamente 35 segundos para encontrarlo y 43 segundos para bajar el
vídeo. Utilizando, en todo este proceso, una conexión
simple de módem y un buscador como puede ser www.hotbot.com
que te permite filtrar la búsqueda según lo que uno
está buscando (idioma, media, música, etc.).
Es decir
que la existencia de este mundo porno en el net, tan filtrado y tan
censurado de nuestro discurso cotidiano oficial, no me extrañaría
que sea uno de los mayores motores económicos (pero lejos)
de la tecnología que hoy conocemos como "internet". Esto habla
mucho de la hipocresía y de la patología censurante
que propone aplacar una realidad que es parte de nuestra sociedad
y que no queremos ver por razones, que imagino, nos afectan más
íntimamente de lo que creemos. Aclaremos que no creo que haya
nada de malo en que una persona tenga la libertad de consumir toda
la pornografía legal que esté disponible en el internet,
por la ley del país desde donde se origine. No hay fundamento
más irrevocable que la constitución; y si dentro de
este marco, un individuo ejerce sus derechos, bienvenidos sean estos!
Pero existe otro problema que prácticamente nadie quiere nombrar
o confrontar; que es el enfrentar una patología derivada del
consumo pornográfico, que es la adicción a la pornografía.
Muchos la han llegado a llamar el "crack" del internet, por su poder
adictivo. Esta adicción cuenta con una problemática
complicada, que es la de no tener los mecanismos preventivos que tiene
por ejemplo el alcoholismo. Más aún, entendiendo que
desde el mundo masculino (que es desde donde se origina mayoritariamente
el consumo de la pornografía) existen preconceptos netamente
nocivos. Por ejemplo, de que el sexo cuanto más se ejercite,
más machos nos hace (agregándole el aditivos de nuestras
costumbres judeocristianas que por otro lado lo prohíben fuera
de ciertos márgenes.) Este cóctel de premisas de ilegalidad
y motivación producen desviaciones terribles en la personalidad
de innumerables individuos en nuestra sociedad. Por otro lado, no
existen programas avalados por el estado, los seguros médicos
o medicina sindical, que generen los espacios que ayuden a entender
más estas problemáticas. Más aún en una
sociedad evidentemente reprimida como la argentina en donde todavía
buscamos esconder estas represiones con debates como, por ejemplo,
si la anorgasmia femenina puede ser aliviado con tal o cual postura,
o uso de marihuana. Todo esto en lugar de incorporar la sexualidad
al plano de lo cotidiano como podría ser el comer o hacer ejercicios;
es decir, al plano de lo normal.
Lo interesante
es volver siempre a la idea de que, después de todo, lo que
tenemos es un individuo frente a una imagen que desconecta de la realidad
presente. Como aquel que se desconecta de si mismo frente a la idea
de que, alguien parado en una esquina con un celular en la mano, está
mostrando al mundo que está conectado. Es inagotable esta imagen,
que pareciera ser una muletilla ridícula que vende por seguro;
popurrí incansable en las propagandas televisivas de servicios
celulares. Reafirmada esta pantomima por los que consumen el servicio
por el sólo acto de la apariencia. Pero ¿qué del otro
en una autopista con una SUV o tractor 4x4 intentando proyectar una
imagen de poder? Imágenes y más imágenes. Como
la metaimagen del cibernauta, en la intimidad de su casa, frente a
una computadora que genera imágenes y sonidos que él
(o quizás ella) no puede generar por si mismo. la ausencia
absoluta del ahora real.