De las imprecisiones de la prensa
local
Por Fabián Banga.
(2/23/03)
Un articulos, hoy domingo 23
de febrero en un diario local argentino, afirmaba que casi todos los
estadounidenses reclaman la invasión de Irak por motivos directamente
relacionados con el atentado a las torres gemelas. Para más,
se afirmaba que las voces de protesta son escasas. Hacía el
articulos también un paralelo entre la entrada de los
Estados Unidos a la Segunda Guerra por el ataque japonés en
Hawaii, y el ataque terrorista a las torres gemelas en New York. Estas
afirmaciones, propongamos, son sencillamente imprecisas y exageradas.
Son imprecisas porque nadie con un poco de coherencia relaciona aquí
directamente la realidad actual y la realidad de la Segunda Guerra.
Por otro lado, la prensa venderá a troche y moche lo que quiera
en todas partes pero cualquier persona que esté mínimamente
enterada de la realidad del medio oriente entenderá que Osama
Bin Laden y la dictadura en Irak de Saddam Hussein son evidentemente
dos cosas distintas, con ciertas similitudes, pero dos cosas distintas.
Por ejemplo en New York (una zona liberal
en relación con el resto del país pero al mismo tiempo
que sufrió en carne propia el último ataque terrorista)
la gente solamente en un 66% ve alguna conexión entre Irak
y Osama Bin Laden, lo que es un número alto pero no es la totalidad.
Una encuesta realizada por la cadena CNN afirma que si bien un promedio
nacional del 69% de la población aprueba una guerra en el medio
oriente, sólo el 49% la aprueba en New York. A nivel nacional
el 35% de la población desaprueba las políticas exteriores
del presidente contra Irak. En New York este porcentaje trepa al 48%.
Hay otros argumentos también
flotando en el debate de la prensa local en contra de la idea de embarcar
al país en una guerra, que es el daño económico
que producirá una atmósfera belicista. Un articulos
que salió hoy domingo en el New York Times titulado "CEOs Say
War May Hurt Economy" (Los CEOs Dicen que la Guerra Puede Dañar
la Economía) propone un ejemplo de que el debate no está
centralizado en el tema de la seguridad nacional. El factor económico
es fundamental en la discusión sobre todo teniendo en cuenta
las dificultades que se están viviendo localmente por el tema
de la resección.
Otro ejemplo que aporta a la complejidad
del problema es la similitud que ve la Casa Blanca, y la mayoría
de la gente, entre el problema de Irak y Corea del Norte. El norteamericano
común se ve preocupado hoy por dos miedos muy distintos: uno
que otro atentado terrorista desde las sombras ocurra en una de las
metrópolis americanas tal cual ocurrió en Nueva York;
dos que en cualquier momento algún dictador se levante con
le pie izquierdo y arrase medio planeta. Hay un miedo moderado pero
presente, pero de ahí a que el país esté en una
histeria colectiva y a los gritos pidiendo un ataque a Irak, hay un
gran trecho. El pueblo americano tiene lamentablemente, en algunas
regiones más y en otras menos, la tendencia a expresarse de
una forma patriótica. En su mayoría es profundamente
fiel a conceptos nacionalistas pero al mismo tiempo tiene anticuerpos
que producen una crítica profunda del sistema y son extraordinariamente
activos y militantes. Tratar de generalizar de que todo el pueblo
americano es conservador, imperialista, nacionalista y belicista sería
no tanto un ataque a este pueblo, sino una muestra de propia ignorancia.
Me preocupan sinceramente los argumentos
que atacan las políticas americanas desde una filosofía
conservadora propia de tiempos de la guerra fría. No porque
los Estados Unidos no merezca un mundo que eleve una crítica
profunda a sus ideas, que le presente una barrera sólida a
sus intentos imperialistas que esconden intrincados planes de control
geopolítico y económico; porque desde las "entrañas
de monstruo" hay muchas personas que repudian esta actitud imperialista.
Los planes de la Casa Blanca son indudablemente para muchos americanos
oscuros y desenfrenados. Hasta en programas estadounidenses de sólida
y académica crítica contradicen públicamente
las ideas del presidente y su equipo. Un ejemplo concreto de esto
es "Frontline", un programa de televisión excelente que la
semana pasada ofreció un análisis exhaustivo de los
planes del presidente titulado: "The War Behind Closed Doors" (La
Guerra a Puertas Cerradas). En este análisis se examinaban
datos que proponían que el presidente estaría intentando
llevar adelante un plan que iría mucho más allá
del proyecto que comenzó su padre en Irak, visualizando a los
Estados Unidos como un imperio moderno, extendiendo sus dominios y
castigando a aquellos que osen ir en contra de sus intereses. El análisis
no sólo fue presentado en la televisión pública
nacional (www.pbs.org), sino que hasta puede leerse extendido y en
detalles en el Internet, en: http://www.pbs.org/hplink/redir/wgbh/pages/frontline/shows/iraq/
En mi opinión, estos son los
análisis que ayudan al debate. No los sermones religiosos que
utilizan al Capital de Marx como texto inequívoco. O los análisis
que ven en el psicoanálisis una doctrina más cerca de
una religión que de una teoría del comienzos del siglo
XX. Lamentablemente en la Argentina, tenemos estos discursos absolutistas
que nos dan cierta tranquilidad pero que al mismo tiempo nos han llevado
a un vacuidad de ideas que puedan enfrentar los dilemas e injusticias
modernas. "El yankee malo imperialista y obeso nos quiere oprimir"
recita el estribillo, y detrás de esta caricatura propagandística
se esconde una enorme traición indirecta a la lucha en contra
del las injusticias modernas. Porque si bien las locuras expansionistas
del imperio están en diálogo con problemas que ya hemos
vivido, las perspectivas son otras así como los elementos en
juego son nuevos. Si bien los desastres son muchos, y el enemigo está
ahí en frente destrozando bosques, oprimiendo pueblos bajo
las leyes del mercado que desparraman hambruna a caudales, lamentablemente
las alternativas efectivas de oposición a esta bestia descontrolada
son escasas. Indudablemente que los argentinos este problema de falta
de alternativas lo vivimos en carne propia.