Como quien se engendró en
una cárcel
Por Fabián Banga (05/07/03).
Ya muchos están comentando y
analizando la llegada de una nueva tecnología que indudablemente
cambiará el mundo de las comunicaciones de una forma sin precedentes.
Se trata de Wi-Fi, wireless fidelity (fidelidad inalámbrica),
una conexión al internet de alta velocidad que utilizará
tecnología de ondas de radio para transmitir la señal.
La noticia llegó a tomar espacio inclusive en una editorial
del New York Times, en la que Thomas L. Friedman comenta esta
tecnología y sus características en relación
con el internet. De esta realidad tecnológica, Friedman llega
a una conclusión sociológica: que si bien esta tecnología
está uniendo al mundo, los Estados Unidos está quedando
fuera de este universo cultural interconectado, ya sea por temas políticos
u idiosincrásicos. Y quizás esté acertado. Esa
idiosincrasia de los norteamericanos de no ir por el mundo, por el
contrario, esperar que el mundo les venga a ellos, estaría
jugando muy en contra de su incorporación a un planeta más
totalizado.
Pero lo que les está ocurriendo
a los norteamericanos está funcionando como una metáfora
de lo que la gran masa de individuos está viviendo hoy en día.
Si bien una pensaría en la primera mitad del siglo pasado que
con la llegada de la televisión y la radio la gente estaría
más comunicada que nunca, quizás habría que repensar
esta afirmación. Con la llegada de los medios de comunicación
la información fluye mucho más rápida, pero en
solamente una dirección. La existencia de los famosos "reality
shows", por ejemplo, es el síntoma de la patología
que sufre el espectador, aislado en un universo desconectado de la
realidad y sumergido en una monotonía decadente. La incomunicación
de un individuo frente a la pantalla del televisor, recrea la metáfora
de un animal enjaulado que devora la bazofia que el dueño de
casa le tira. ¿Cómo puede ser interesante ver a un tipo eligiendo
entre 5 o 6 muchachas para casarse? ¿O que de otro comiendo lombrices?
El gran circo post-posmoderno, revendido hasta el cansancio en las
cientos de revistas, programas de televisión, etc., metiéndose
en la vida privada de estos pobres que a modo de circo romano son
devorados por el ojo ávido del espectador que desde la intimidad
de su jaula, fantasea sobre algo que él o ella nunca vivirá.
Satura de alguna forma este simulacro, como así también
satura ver un pobre tipo yendo a trabajar con su 4x4, para terminar
enfrascado en la invariabilidad de una oficina apabulladamente mediocre.
Simulacro de traer al ahora, una fantasía inaccesible. Y nos
es el mismos caso de la película u el libro ya que esto se
mueve al espacio de... bueno, quizás no sea tan distinto. Como
diría Cervantes en el prologo de Don Quijote: "...
como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad
tiene su asiento, y donde todo triste ruido hace su habitación."