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Religión y espiritualidad
- por Fabián Banga
Las muertes causadas por las ‘batallas de los credos’ -vidas perdidas en guerras religiosas, en el cadalso, en la arena o mediante asesinatos- no produjeron libertad alguna. Además de la perdida de vidas a través de guerras y persecuciones religiosas, millones y millones sufrieron torturas infernales porque se les dijo, y se les indujo a creer, que estaban condenados.”
Los misterios de Osiris o la iniciación del antiguo Egipto. Buenos Aires: Editorial Kier, 1976.

Así comienza un viejo y ya olvidado libro Rosa-Cruz escrito por Swinburne Clymer en 1951. El libro aborda una premisa que desarticula el automático rechazo a la guerra. Clymer señala que si bien la muerte y la destrucción están asociadas inmediatamente con la guerra, un análisis más contextual nos muestra que las guerras en muchos casos son herramientas de liberación de los pueblos y que la entrega de la vida por una causa justa es en muchos casos un acto positivo en un mundo imperfecto. Por otro lado, la lucha de los credos, como el párrafo citado claramente indica, no tiene ninguna razón coherente de ser, ya que es una lucha por un propósito mezquino y terrible.

Pese al olvido y edición prácticamente desconocida del libro de Clymer, hay que reconocer que sus ideas no podrían ser más útiles y actuales. Es innegable que la espiritualidad es un componente tan importante en la vida del hombre. Pero hoy en día el fundamentalismo dogmático que están sufriendo muchas sociedades lo único que hace es eclipsar en muchos casos la función primaria de la religión, que tendría que ser la de ofrecer una conexión personal con lo trascendente. Es fundamental en tal contexto subrayar el término personal, ya que éste supone un espacio de libertad y decisión personal. La espiritualidad tiene que nacer en el marco de esta libertada, de lo contrario se está frente a un fenómeno artificial y coercitivo. La universalización e imposición de una idea exclusiva plantea un proyecto opresivo y mezquino que poco tiene que ver con la espiritualidad.

Lamentablemente, hoy el mundo atraviesa tiempos de profunda oscuridad espiritual, encontrándose ejemplos de fanatismos religiosos que producen alarmantes focos de dolor y desesperanza. El choque entre oriente y occidente, ha producido espacios de sectarismo que no son exclusivos del medio oriente, o del mundo musulmán, sino que se están haciendo presente en los llamados territorios primer mundistas. Estados Unidos está mostrando corrientes de políticas intolerantes, que buscan imponer el interés de una minoría a menoscabo de la opinión democrática de todos los integrantes de la sociedad. El conflicto genera un proyecto no solamente hacia fuera del país, como es ya evidente en sus políticas internacionales, sino hacia su propia población y mecanismos sociales. El intento de inclusión de teorías creacionsitas en las clases de ciencia y el intento de imposición de ideas de carácter cristiano-conservadoras, son algunos de los ejemplos presentes en esta sociedad. Muchos conservadores están intentando incluir inclusive temas bíblicos en el currículo educativo en las escuelas públicas generando el rechazo generalizado no solamente de la comunidad educativa, sino la preocupación de la población en discrepancia con esta visión cosmogónica del universo. La separación evidente entre religión y ciencia, debate que tendría que haberse superado hace ya siglos, está tomando un auge inesperado en el coloso del norte.

Este estado de alarmante desunión nos tiene que plantear un debate inevitable que nos ayude a entender hasta que punto la tolerancia religiosa es necesaria en la sociedad moderna. Esta tolerancia tiene que surgir desde la exclusión del dogma y de las teorías religiosas en el espacio público. Es necesario evitar la imposición de valores personales en la sociedad en general. Lo ofensivo de enseñar por ejemplo teoría creacionista cristiana en la escuela pública, nace en el hecho de que no se puede oficializar o canonizar un punto de vista religioso que ofenda a integrantes de la sociedad que no sean cristianos, por más minoritario que este grupo sea. La imposición de los valores personales, presente por ejemplo en la oposición del matrimonio entre homosexuales es otro ejemplo que nace desde valores netamente personales y no pueden ser impuestos a la sociedad toda.

El gran debate del siglo XXI no es como se pensaba en la conquista del espacio, o en las nuevas tecnologías, sino en la intimidad del espíritu humano. La necesidad de trascender nuestra propia moral o creencia personal para enfatizar en la hermandad humana, paciera ser una prioridad. El tiempo dirá.

 



 

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