Religión,
Irak y la globalización
- por Fabián Banga
A más
de cuatro años del comienzo del nuevo milenio, no queda
duda que las dinámicas presentes en la interrelación
de regiones no muestran muy claramente quién está
a favor o en contra de la globalización o dónde
comienza y dónde termina la modernidad. Si en un primer
momento, la asociación USA-globalización-modernidad
parecía una premisa evidente, las piruetas a las que
se ve forzada la administración de Washington hacen
dudar de cualquier preconcepto.
Desde
el abierto intento de control de los medios de comunicación
norteamericanos, copados por ideologías de derecha,
hasta la imposición militar en el medio oriente, Estados
Unidos se muestra como un imperio contemporáneo vetusto
y tosco que no tiene muy claro como llegar a donde quiere
ir. Sus políticas ensimismadas rechazan la pluralización
de perspectivas y se aferran a un caballito de batalla que
si bien puede llegar a tener éxito en lo local entre
las masas conservadoras (fenómeno norteamericano poco
entendido internacionalmente) ofrece resultados catastróficos
a sus intentos de posicionarse como neto líder mundial.
En este
contexto caótico, encontramos a un Bush extremadamente
complicado y formulando discursos hasta en algunos casos fanáticamente
religiosos. Esto le ha ganado un acuerdo natural con ciertos
grupos conservadores que jugaron un papel fundamental en las
pasadas elecciones. Dentro de estas comunidades de derecha
se encuentra una particular alianza evangelista que en Estados
Unidos se conoce con el nombre de "Sionistas Cristianos".
Este grupo interpreta la creación del estado de Israel
en 1948 como un evento profético y propone que el día
que el estado de Israel se instituya definitiva y territorialmente,
Jesús retornará a la tierra.(*) Es decir, el
día que Israel se convierta en el absoluto dueño
de los territorios prometidos a Abraham en las sagradas escrituras,
se concretará la conversión de los Judíos
al cristianismo y segunda llegada del Mesías, profecía
también presente en la Biblia. Más aún,
nos encontramos con una Israel intransigente liderada por
un Sharon que hasta intimida con liquidar a Arafat en cualquier
momento.
Esto muestra
por un lado la enorme complejidad del conflicto y la abierta
polarización de los norteamericanos que en su mayoría
o siguen a Bush incondicionalmente, o lo combaten coléricamente.
A esta disyuntiva local, se suman los asentados problemas
económicos que están provocando el desmantelamiento
de programas sociales indispensables para una economía
capitalista con las características de la norteamericana.
La lista de muertos en Irak parece crecer a ritmo vertiginoso
embarrando aún más los intereses de Washington
que está sufriendo un evidente contexto de aislamiento.
Sin lugar
a dudas, las características del conflicto globalizan
el problema al tener una superpotencia desorientada. Se suma
al problema la imposibilidad, hasta ahora, de detener los
intereses de los Estados Unidos por parte de la comunidad
mundial. El fracaso de las Naciones Unidad de posicionarse
duramente frente a las maniobras de Washington, muestra no
solamente la falta de consenso mundial sino la falta de alternativas.
Son estos por tal razón tiempos cruciales, que mostrarán
si el mundo cuenta con las dinámicas y las organizaciones
que permitan reorganizar el mapa, saltando fronteras de credo,
ideología e intereses económicos. Indudablemente
que un nuevo presidente en los Estados Unidos, ayudará
mucho a este proceso.
(*) Más sobre este tema: http://www.pbs.org/now/politics/czionism.html