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El repensarnos desde un principio.
por Fabián Banga

Cuando uno deja un lugar, cuando uno emigra, se lleva consigo lo mejor del lugar que uno deja, acurrucado esto en memorias y recuerdos. Esos recuerdos se van puliendo a medida que pasa el tiempo, se van decantando, dejando de ellos los mejor de lo mejor. Hoy en día habría que aclarar que el emigrar puede ser una experiencia muy distinta a la que vivieron nuestros antepasados. Las posibilidades de comunicarnos globalmente tan fácilmente nos permiten vivir físicamente en un lugar y virtualmente en otro. Pero en el pasado, el emigrar era indudablemente el construir cultura de uno en otra parte, aislarse de los orígenes, reconstruirse en otra latitud, impregnar lo que a uno lo rodeaba de una realidad que llegaba con uno desde otra región. Cada uno de nosotros puede encontrar memorias que se relacionen con esto en el pasado. Ese tío italiano con el que uno quizás se crió de chico, viéndolo hacer la pasta casera con esa maquinita que parecía una máquina de escribir, el viejo escribía metafóricamente en comida lo que él era culturalmente.

Nosotros, los argentinos, somos de alguna forma esa recolección de mejores memorias, esa recolección de culturas. Mezcla de imaginarios que en algún momento nuestros antepasados trajeron y nutrieron en nuestra nación, con sus sueños de grandeza y destinos de elegidos. Esas ideas también fueron parte de esa recolección de imaginarios traídos desde periferias para gestar el centro de lo que hoy somos. Hoy esa recolección de memorias tiene que dar un paso al costado, más que eso, tiene que todo dar un paso al costado para repensarnos a nosotros mismos. Este absolutismo por supuesto, tiene que entenderse que no incluye totalidades. No se puede dejar de ser argentinos. El país y la cultura estarán ahí pase lo que pase. Hasta la ocupación y destrucción de Japón no terminó con Japón. Menos aún nos pasaría a nosotros algo como el final de la Argentina.

Pero para que la Argentina sea en algún momento el sueño de lo que nuestros antepasados quisieron que seamos, es necesario abandonar esos sueños y repensarnos en el ahora. Esos sueños hoy en día se estrellan contra el dolor mayúsculo del hambre por miles de razones que pueden o no ser ajenas a nuestra culpa. Pero que sea o no la culpa de quien sea no quita o agrega nada a nuestra realidad del hoy y el ahora. Si el peronismo genera antiperonismo o el antiperonismo genera el peronismo, ¿no sería razonable que los dos den un paso al costado para prioridad de la patria? El mismo general puso a la patria primero inclusive antes del movimiento. ¿no seria razonable que todo se repiense? Se entiende que estas ideas son de alguna forma utópicas ya que no se puede terminar simplemente una bipolaridad de años. Pero en estos momentos tan cruciales de nuestra historia, esta crisis no nos deja otra salida que repensarnos. Más cuando estas bipolaridades se han multiplicado exponencialmente. Hoy ya no es peronismo contra antiperonismo, sino peronismo A contra peronismo B contra peronismo C. Si el peronismo fue en un momento una posibilidad abrumadora que nos encolumnó bajo un mismo ideal, esos tiempos parecieran ya un pasado remoto. Es por eso que nuestros espacios de poder político podrían proponer digna línea al gran libro de nuestra historia y dar todos un paso al costado, irse todos y dejar que el pueblo reimagine la historia. La cangrena en el poder es mayúscula, pero con todo eso, todavía hay dirigentes. La desvergonzada adicción excesiva al poder terminará por hundirnos a todos y ahí si que en el final no hay un fin, sino hecatombe absoluto y dolor. En este tipo de pesadilla el alivio del fin es una imposibilidad. Habría esperanza en un volver a empezar de nuevo y una confianza en la validación de los espacios de poder que fortalecerían las instituciones. La Argentina aún cuenta con enormes potenciales de todo tipo. Los intelectuales continúan produciendo en favor de nuestra memoria cultural colectiva ya sea en La Matanza o en otro planeta. Que los medios no sólo nacionales sino internacionales saturen de imágenes drásticas y que el sufrimiento se vea por todas partes, no quita que la Argentina continúe aportando de lo mejor que se puede dar. Nuestras tierras y riquezas inclusive están ahí. Echarle la culpa a los otros, a los de afuera, podría o no tener su valides. Pero no cambia nada. Frente a la injusticia, ¿cómo no justificar mejor el defenderse a uno mismo en lugar de criticar al inmoral que nos está perjudicando? ¿Desde cuándo la historia es un ejemplo de moralidad? Es la ley del más fuerte y del más rápido. El apuntar culpas al afuera por más que sean culpas justificadas, es quitarnos y quitarles desde un primer momento el futuro a los que vendrán.


 

 

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